

Juan Carlos Ramos León.
Así, hay quienes nos dejan huellas profundas y quienes llegan a ser sólo encuentros casuales, pero resultaría bien interesante dejarse tocar un poco más por cada persona con quien lleguemos a encontrarnos.
Tuve la oportunidad de ver una miniserie cuya trama se centra en una serie de apariciones de seres que son como clones o ‘alter egos’ de personas ya existentes durante la actividad de un volcán llamado “Katla” en Islandia. Es el nombre que adopta dicha serie, por cierto, la cual no me atrevo a recomendarle, ciertamente, pero se trata tan sólo de una opinión personal.
El caso es que la llegada de estos seres a la vida de sus símiles se da en distintas coyunturas de sus vidas personales en las que sus apariciones se dan en contextos en los que sus presencias se vuelven más o menos oportunas, bien para hacerlos conscientes de sus errores o limitaciones, bien para ayudarles a aclarar problemáticas presentes y pasadas.
Si bien en la ficción resulta interesante pensar el que llegue “otro tú” a confrontarnos con nuestros problemas, con las desviaciones de nuestras conductas, con nuestros conflictos interpersonales causados por actitudes cuestionables o, digámoslo así, “mejorables”, en la vida real son los encuentros con ciertas personas que van apareciendo en nuestras vidas los que representan cada uno de ellos una oportunidad para hacer cambios en la misma y quedar marcados por las relaciones que se dan con mayor o menor intensidad.
Así, hay quienes nos dejan huellas profundas y quienes llegan a ser sólo encuentros casuales, pero resultaría bien interesante dejarse tocar un poco más por cada persona con quien lleguemos a encontrarnos. Una conversación sencilla al coincidir en un evento social, una relación que se crea por un tema del trabajo o la actividad económica y hasta una charla casual con el taxista que nos lleva del aeropuerto al hotel, en una escapada turística. Cada persona puede verse como un libro abierto del cual pueden aprenderse una o dos lecciones sobre la propia vida.
Hay que tener cuidado con quien se comparten ciertas intimidades, por supuesto, pero es necesario abrir un poco más la llave de la confianza si se logra la conciencia de esto que le comento. Y aplicar la escucha activa, por supuesto. Y es que es mediante un proceso de análisis de lo que la otra persona me viene comentando que puedo encontrar piezas del rompecabezas de una problemática a la que me enfrento actualmente o hasta para acomodarlas en la estructura de mi propia personalidad. Quién sabe.
El caso es que las personas vienen y van a nuestras vidas quizás no como obra de la casualidad, sino por el principio de la causalidad. Y, si bien, no estoy a favor de pensar que todo en mi vida está predestinado, si lo estoy a favor de pensar que muchas cosas suceden por alguna razón en especial, y de esas muchas cosas algunas son las “coincidencias” con personas que de una u otra manera no se irán sin dejar huella en mi vida.