

Juan Carlos Ramos León.
A la cuarta no le quedan muchos a quienes repartirles las culpas de todo el cochinero que se ha venido dejando detrás con su forma de operar tan golosa y descarada.
En México la cosa no es pareja. Es más, es completamente dispareja.
Por combatir al narco en Chihuahua, de algún modo se ven involucrados agentes de la CIA, y el pesado aparato gubernamental se le va encima a la gobernadora del estado para acusarla de traición a la patria. Los diputados piden su destitución y los simpatizantes (acarreados) de la cuarta realizan una mini marcha. El chiste es hacer escarnio público para generar una cortina de humo que nos distraiga a todos de lo que es verdaderamente delicado, importante y trascendente y que lo es el manejo sistemático de un gobierno estatal por parte de empleados del crimen organizado -el gobernador en primera línea-. Y, así, al monigote hijo del innombrable, que viajó hasta Chihuahua para participar en esa mini marcha, la gente le increpó para preguntarle: “y la marcha en Sinaloa ¿para cuándo?”. Pero, insisto, la cosa no es pareja.
Creo que a la presidenta ya se le acabó el gastado discurso de culpar de todo a Calderón y a García Luna. A la cuarta no le quedan muchos a quienes repartirles las culpas de todo el cochinero que se ha venido dejando detrás con su forma de operar tan golosa y descarada. Si de verdad eran tan pobres, castos y obedientes como lo hablaban en sus discursos franciscanos, pues aprendieron rápido.
¿Y los pobres a los que les juraron por el osito Bimbo sacarlos de su miseria? Siguen igual. O peor. Y, lamentablemente, continúan siendo la carne de cañón de los torcidos intereses políticos de una y otra facciones internas, quienes coinciden todas en que es mejor que se mantengan pobres.
Y luego nada les sale bien. Ya ni juntando todos sus dedos logran tapar el sol de su ignorancia e incapacidad: La semana pasada -y creo que el mismo día- una diputada de esas de cuarta confunde la máxima de Benito Juárez sobre la paz hablándole al pleno del Congreso y jactándose de que los de su partido sí se la saben y la dicen de memoria con orgullo mientras que los de oposición no. Tremendo ridículo hizo. Y más al norte, en Baja California, a la gobernadora se le va la luz en plena mañanera y justo en el instante en el que se encontraba afirmando con la altanería que les caracteriza que en su estado no ocurren apagones. Como si de justicia divina se tratase, la expresión de su rostro en el momento reflejó el pensamiento que cada vez más comúnmente pasa por la cabeza de sus correligionarios: “¿y ahora con qué cuento les salimos?”.
Esto va disparejo, les decía. Pero cuando la verdad abofetea de forma tan frecuente y contundente al que miente es que nos encontramos en el último acto de esta representación teatral grotesca y desagradable y que está por caer el telón, ojalá que junto con todos ellos. Que así sea.