
Jairo Mendoza.
Por ahora, podemos respirar tranquilos. No obstante, el verdadero triunfo llegará cuando este acuerdo se concrete de manera definitiva.
Después de varios días de mucha incertidumbre tras los amagos de Donald Trump de imponer el 25% de aranceles sobre las exportaciones mexicanas hacia el país vecino; finalmente, la presidenta Claudia Sheinbaum aceptó la solicitud de su par estadounidense, de desplegar 10 mil efectivos de la Guardia Nacional hacia la frontera entre ambas naciones para disminuir la migración y combatir el tráfico de drogas.
Esta acción de suspender dicha medida pudiera interpretarse como un triunfo para México, sin embargo, se trata de un periodo de prueba. El gobierno estadounidense (quién se comprometió en controlar el tráfico de armas) ha sido enfático en que no se trata de la cancelación de aranceles, sino de una suspensión que durará un mes. Hasta inicios de marzo, Estados Unidos evaluará de nuevo si México cumplió, según sus criterios, sus peticiones.
Por ahora, podemos respirar tranquilos. No obstante, el verdadero triunfo llegará cuando este acuerdo se concrete de manera definitiva, disipando la incertidumbre que existe acerca del futuro del libre comercio en la región de Norteamérica.
En las redes sociales y medios de comunicación, podemos encontrarnos muchos comentarios al respecto, tanto positivos como negativos. La realidad es que la amenaza continua latente, y el saber que Trump pudiera imponer una tarifa del 25 por ciento en cualquier momento a las exportaciones mexicanas pudiera tener efectos económicos devastadores, principalmente para nuestro país; ya que la inflación subiría, el peso mexicano se desplomaría, los bienes y productos de consumo incrementarían, además de generar mayor desempleo, menor recaudación fiscal y abandono de parte de inversionistas y empresas americanas, etc.
Una guerra de aranceles no beneficia a nadie, ni siquiera a Estados Unidos, puesto que el trasfondo de esta medida radica en que el gobierno norteamericano presiona a las naciones vecinas para que terminen realizando lo que Trump prometió en campaña a sus millones de seguidores. Por un lado, México desplegando a sus propias fuerzas militares hacia la frontera; y, por otro lado, Canadá endureciendo las medidas migratorias y contra los narcotraficantes mexicanos. Al final de cuentas Estados Unidos está ganando debido a que se está haciendo lo que ellos quieren.
Por lo pronto, habrá que esperar las negociaciones entre dichos países, para ver si de este conflicto México y Canadá pudieran sacar algo de provecho en donde también están en juego cerca de 600 mil millones de dólares en exportaciones y, sobre todo, los intereses de millones de migrantes.