

Jairo Mendoza.
La premisa es tan ambiciosa como lógica: que cualquier mexicano, sin importar su condición laboral, pueda atenderse en cualquier institución pública del país.
Seguramente te ha pasado, que cuando te sientes mal y vas al hospital más cercano, te dicen: “Aquí no le toca” o “Aquí solo atendemos puros de base”. Ese ir y venir de un lado a otro es lo que la presidenta Claudia Sheinbaum quiere terminar con el nuevo Servicio Universal de Salud que anunció el pasado martes 7 de abril en su conferencia de “La Mañanera”.
¿De qué trata esto en palabras simples? La idea es que, para cuando acabe este gobierno, ya no importe de qué trabajas o a qué institución perteneces. Si eres mexicano, vas a poder entrar a cualquier hospital público (ya sea del IMSS, del ISSSTE o de Salud) y te tendrán que atender.
La premisa es tan ambiciosa como lógica: que cualquier mexicano, sin importar su condición laboral, pueda atenderse en cualquier institución pública del país. A veces un hospital está llenísimo y no tiene camas, mientras que el que está a la vuelta tiene cupo pero no te recibe porque no tienes “el papelito” de esa institución. Al unir todos los servicios, si en un lugar no hay equipo para una radiografía o una cirugía, te podrán mandar al otro sin tanto problema. La meta es que los medicamentos, máquinas y los doctores se usen para todos, no nada más para unos cuantos.
Pero ojo, esto no va a pasar de la noche a la mañana. Lo primero que hará el gobierno federal es credencializar a 130 millones de personas bajo un sistema único. Este proceso, que tardará algunos años, no será un simple trámite burocrático; es la creación de la columna vertebral de datos que permitirá a los médicos conocer el historial clínico de cualquier paciente, sin importar de qué hospital venga.
La idea suena muy bien: un solo sistema de salud donde todos seamos iguales. Sin embargo, el mayor reto no es recibir la credencial, sino que cuando lleguemos al hospital sí haya medicinas. máquinas y doctores suficientes.
Es un plan ambicioso que busca que nadie se quede fuera por falta de dinero o por no tener un trabajo de oficina. Si se logra, será un alivio para las familias que hoy tienen que andar peregrinando de un lado a otro solicitando atención médica. Por lo pronto, habrá que estar atentos para cuando nos toque ir a tramitar la credencial. La salud es un derecho, no un privilegio, y este es un paso enorme para que así se sienta en la realidad.