Sheinbaum tomo como bandera una palabra clave: soberanía. Frente a los señalamientos que a veces llegan de fuera, ella ha decidido que su estandarte sea defender que en México mandamos los mexicanos.
En la política hay un momento en que los festejos se acaban y empieza la realidad. A dos años de aquella elección histórica del 2024, a la presidenta Claudia Sheinbaum ya no se le mide por la cantidad de votos que sacó, sino por cómo nos va en el día a día. La emoción de aquella noche, en que la primera mujer en la historia de México, se sentó en la silla política más importante, ya pasó; ahora lo que la gente se pregunta en las calles, en los barrios y en la oficinas es: ¿qué ha cambiado realmente?
La respuesta es, depende con que ojos se vea. Es decir, el adulto mayor, el joven “nini”, la madre soltera, el niño con discapacidad, etc. van a decir que la realidad ha cambiado para bien; no obstante, el político, el opiniólogo, el empresario de oposición, etc. van a decir que todo ha empeorado. No obstante, el mitin del pasado fin de semana en el Monumento a la Revolución, con unas 130 mil personas (sin contar las demás personas reunidas en las diferentes plazas del país), dejó claro que en Morena todavía traen, como dicen, “con queso, las gordas”. Pero el mensaje de la presidenta trajo algo más: una declaración de intenciones. Mientras López Obrador se la pasaba señalando a “la mafia del poder” y los privilegios de los “conservadores”, Sheinbaum tomo como bandera una palabra clave: soberanía. Frente a los señalamientos que a veces llegan de fuera, ella ha decidido que su estandarte sea defender que en México mandamos los mexicanos.
Ese cambio de discurso nos dice mucho. Durante meses, los analistas se la pasaron cuestionando si la presidenta era una copia de su antecesor o no. Hoy esa pregunta ya prescribió. La pregunta real es qué está haciendo ella con las riendas del país.
Y ahí es donde entran los contrastes. Por un lado, hay cosas buenas que ya vemos normales: que tengamos a una mujer gobernando ya no le sorprende a nadie, y ese cambio cultural es un logro tremendo que ya se quedó para siempre. Además, el dinero se mueve y el empleo aguanta. Pero por el otro lado está la cruz de la moneda: la seguridad sigue siendo el gran reto. Ningún gobierno, del color que sea, puede ponerse estrellita en la frente mientras la tranquilidad de las familias siga bajo la lupa.
El balance de estos dos años nos muestra que la presidenta mantiene un respaldo popular muy sólido, pero también que su gestión entra a una etapa de madurez, donde la atención se centra en consolidar las metas. Al final del día, las plazas llenas son el reflejo de ese apoyo, pero el verdadero legado se construye con las soluciones que se quedan en el hogar de cada mexicano. El triunfo del 2024 fue el punto de partida; hoy, el camino se sigue pavimentando con el esfuerzo de cada mañana. Vivimos el momento en que el proyecto de nación se fortalezca con el sello y la visión propia de Claudia Sheinbaum.
@jairomendoza