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Jaime Santoyo Castro

Teuchitlán, reflejo de crisis social, política y de seguridad

Teuchitlán, reflejo de crisis social, política y de seguridad

Jaime Santoyo Castro.

El caso Teuchitlán no es un evento aislado, sino un espejo que refleja problemas estructurales que han aquejado a México durante décadas.

Jaime Santoyo Castro
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24 de marzo 2025

En lo que escribo acerca de este caso, surgen otros asuntos verdaderamente escandaloso en Zacatecas, a los que se suman muchos otros asuntos de ésta índole que parecen ser un reflejo de la profunda crisis social, política y de seguridad que enfrenta México en diversas regiones, que a todas luces es resultado de la confluencia de factores críticos como:

El caso Teuchitlán no es un evento aislado, sino un espejo que refleja problemas estructurales que han aquejado a México durante décadas. La extrema barbarie, la violencia desmedida y la creciente influencia del crimen organizado no surgen en un vacío; son el resultado de una combinación de factores que incluyen desigualdad económica, debilidad institucional y una cultura de impunidad.

Falta de oportunidades para los jóvenes. La juventud en diversas regiones del pais enfrenta un abanico limitado de opciones. La falta de empleo formal, acceso restringido a educación de calidad y la ausencia de políticas públicas integrales han dejado a muchos jóvenes en una situación de vulnerabilidad. Ante esta realidad, las organizaciones criminales encuentran un terreno fértil para reclutarlos, ofreciéndoles ingresos rápidos y una falsa promesa de poder y estatus.

La influencia del crimen organizado. El poder que ostentan las organizaciones criminales, y que creció al amparo de las polìticas públicas del obradrato, es una muestra del debilitamiento del Estado en ciertas regiones. Estos grupos no solo controlan actividades ilícitas como el narcotráfico y la extorsión, sino que también logran infiltrarse en la política local, cooptando autoridades e imponiendo su voluntad sobre comunidades enteras. La violencia extrema que emplean es una herramienta para sembrar miedo y consolidar su dominio.

El ciclo de violencia. La violencia en Teuchitlán, y en otras partes del país, opera como un virus que se alimenta de la desesperanza y la descomposición social. Los actos de barbarie extrema no solo destruyen vidas, sino que también fracturan comunidades y perpetúan un ciclo de retaliación y odio. Esto dificulta cualquier intento de reconciliación o reconstrucción del tejido social.

El menosprecio por los derechos humanos. El caso evidencia una cultura de indiferencia hacia los derechos humanos, tanto por parte de los actores criminales como, en ocasiones, de las propias instituciones encargadas de proteger a los ciudadanos. Las víctimas son revictimizadas, las familias quedan en el abandono, y la justicia parece inalcanzable para la mayoría.

Un llamado a la acción: el papel del gobierno de Sheinbaum

Con la presidencia de Claudia Sheinbaum, este caso podría convertirse en una oportunidad para demostrar un cambio real en la estrategia gubernamental. Más allá de condenar la barbarie, o de ignorarla, el gobierno tiene la posibilidad y la responsabilidad de abordar las raíces del problema con un enfoque integral lo que en mi opinión implica lo siguiente:

a) Una reforma profunda del sistema de justicia. Fortalecer instituciones. Es aún momento para revisar el proceso de elección de jueces, Magistrados y Ministros que no termina de convencer a la mayoría de la población nacional y construir un aparato que garantice que los sistemas judicial y policial cuenten con recursos, capacitación y tecnología para combatir eficazmente el crimen.

b) Combate a la corrupción: Establecer mecanismos para depurar las instituciones y eliminar la infiltración criminal.

c) Programas de desarrollo juvenil. Crear políticas públicas dirigidas a los jóvenes, enfocadas en la generación de empleos, becas educativas y acceso a actividades culturales y deportivas que les permitan construir un futuro digno.

d) Estrategias de seguridad basadas en inteligencia, lo que conlleva la utilización de tecnologías avanzadas y colaboración internacional para desmantelar redes criminales y priorizar la prevención del delito mediante la presencia estatal en comunidades vulnerables. En los últimos días hemos visto que esto es posible.

e) Reconstrucción del tejido social, que implica promover iniciativas que fomenten la participación ciudadana, con acciones orientadas a promover la reconciliación comunitaria, la tolerancia a las ideas, propuestas y expresiones de los demás; la participación ciudadana y el respeto por los derechos humanos, además de Implementar programas de atención psicológica y apoyo a las víctimas de la violencia.

f) Fortalecimiento de los valores sociales, lo que implica incluir en la agenda nacional campañas de concientización sobre derechos humanos, resolución pacífica de conflictos y solidaridad comunitaria.

Conclusión. El caso Teuchitlán no debe ser visto únicamente como una tragedia, sino como una advertencia y un llamado a actuar. Este momento histórico podría marcar un punto de inflexión si el gobierno aborda la situación con valentía y compromiso. En lugar de permitir que este evento sea recordado como una “vergüenza nacional,” México podría transformarlo en el catalizador para un cambio profundo en la relación entre el Estado, la sociedad y los derechos humanos.

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