

Juan Carlos Ramos León.
Esta frasesilla de tres palabras, simplona y encerrada entre signos de interrogación comenzó a sonar entre nosotros, la afición, desde el pasado martes, antes del juego de la primera ronda eliminatoria de la Copa del Mundo contra Ecuador.
Un primer y tímido “si”, así, sin acento, como para insinuar el condicionamiento a la posibilidad de que suceda algo para llegar a un segundo “sí”, ahora con acento, que hace que se afirme con certeza el logro de aquella condición que antes apenas se insinuaba, la condición que todos deseamos, la de ver a la Selección Nacional de Fútbol de México campeona del mundo. ¿Un sueño? Tal vez. Pero… ¿y si sí?
Esta frasesilla de tres palabras, simplona y encerrada entre signos de interrogación comenzó a sonar entre nosotros, la afición, desde el pasado martes, antes del juego de la primera ronda eliminatoria de la Copa del Mundo contra Ecuador y, a la hora en que se escribe este comentario, sigue oyéndose como un eco por todos los rincones de este país que tanto anhela una alegría de este tipo.
Y así como lo canta con gallardía nuestro glorioso himno nacional: “y retiemble en sus centros la tierra”, la ovación generada por el primer gol de México ante el cuadro de Ecuador produjo una vibración de tal intensidad que llegó a ser registrada por varios sismógrafos de la Ciudad de México.
¿Qué le estoy tratando de decir a usted? Que la esperanza muere al último y que cuando nos la creemos, los mexicanos sí somos capaces de hacer que “retiemble en sus centros la tierra”. La fórmula parece sencilla: creer en nosotros y encontrar algo que nos una. Éste último pareciera ser el problema: los mexicanos nos hemos empeñado en encontrar cada vez más causas que nos separan, de manera que llega el fútbol y de pronto nos encuentra unidos, gritando todos juntos al mismo tiempo y preguntándonos “¿y si sí?”
¿Y si sí rediseñáramos nuestro sistema parlamentario, las cámaras, para que se diriman ahí, de forma objetiva y anteponiendo los intereses del país a los personales o de ideología política, los asuntos de mayor trascendencia y apremio para que México prospere?
¿Y si sí se diseñara y ejecutara una estrategia de seguridad adecuada para recuperar el control de la gobernabilidad que actualmente se encuentra secuestrada por diferentes grupos y organizaciones criminales y se pusiera en la cárcel a todos los políticos y servidores públicos de alto nivel que lo han permitido o, peor, propiciado?
¿Y si sí se concibieran planes de largo plazo para combatir la pobreza mediante el estímulo a proyectos productivos que fomenten el emprendedurismo y la generación de empleos?
¿Y si sí se dejaran fuera del debate los temas de educación y salud y todos nos pusiéramos a trabajar en ASEGURARLOS desde la base para que no haya un solo niño sin recibir atención médica de emergencia ni un solo niño fuera del salón de clases recibiendo instrucción para formarse como un buen mexicano?
¿Y si sí nos convenciéramos de una vez que primero México, después México y, por último México?