

Juan Carlos Ramos León.
El sueño mundialista para México terminó la semana pasada, con la derrota ante Inglaterra, una selección difícil de abatir, y el mundial ya casi se va para todos, pues se encuentra en su fase final.
Sin duda, el mundial de fútbol ha acaparado la atención de muchos -no sé si de la mayoría- pero el caso es que han sido éstas unas semanas en las que temas relacionados están presentes en todas las conversaciones. Un servidor ha dedicado ya, con ésta, tres notas para reflexionar al respecto. El sueño mundialista para México terminó la semana pasada, con la derrota ante Inglaterra, una selección difícil de abatir, y el mundial ya casi se va para todos, pues se encuentra en su fase final. Pero deja muchas cosas para la reflexión y yo aquí me detendré en algunas de ellas.
Primero, ya se ha comentado, nuestro pueblo, tan golpeado por la inseguridad, las pugnas políticas, la falta de oficio en la administración pública, las presiones del principal socio comercial -Estados Unidos- y otros factores que representan severas amenazas a la estabilidad social y el futuro económico del país, ha vivido durante estas semanas un justo distractor que desvió por algún tiempo nuestra atención a tal lluvia de notas negativas. Ahora volvemos de nueva cuenta nuestros ojos a una realidad que siempre estuvo ahí, pero que ahora sabemos que puede ser más llevadera con un poquito de sentido patriótico y unión entre nosotros, en lo que, por supuesto, se le va poniendo remedio un tema a la vez.
Muchos mexicanos volvimos a estar conscientes de lo que somos, de la grandeza de ésta, la nación que nos vio nacer, de cuánta creatividad puede brotar de nosotros ante el más mínimo detalle, de cómo somos percibidos por otros pueblos como gente alegre, noble y generosa, que sabe ser buen anfitrión -ya se habla de un posible regreso a México de este importante torneo- , y de que, si nos ponemos las pilas, podemos descubrir que son más las cosas que nos unen que las que nos separan como connacionales, y de cómo se nos pone la piel chinita cuando cantamos como uno solo nuestro glorioso himno nacional.
Hubo algo que llamó mi atención de forma especial y esto fue el observar ciertos detalles de sensibilidad humana y espiritual en muchos de los jugadores y equipos: al final de varios partidos algunos jugadores, aún entre rivales, se abrazaban para rezar juntos (como sucedió al final del encuentro entre Alemania y Curazao); jugadores de la selección nacional de México fueron captados poniéndose de rodillas frente a una imagen de la Virgen de Guadalupe para encomendarse, y más de alguno en diversas entrevistas aceptaron abiertamente su religiosidad. Yo sigo insistiendo, cuando el ser humano logra asumir su condición de creatura ante la indiscutible existencia de un ser superior y acepta, además, una sumisión a éste, toda la percepción de la propia vida toma un sentido diferente.
A usted ¿qué lecciones le dio esta copa del mundo?