

Juan Carlos Ramos León.
Nos atrae a todos, futboleros o no. Porque hay entusiasmo, hay unión, hay competencia, espectáculo, diversión, risas y lágrimas, triunfos y derrotas, ilusión y decepción.
Imposible no escribir sobre el acontecimiento de la copa del mundo 2026 que se está llevando a cabo estos días en México, Estados Unidos y Canadá. Y es que se trata de un fenómeno tal que son muchas las cosas que llegan a girar en torno a la justa deportiva internacional más importante, junto con los juegos olímpicos.
Nos atrae a todos, futboleros o no. Porque hay entusiasmo, hay unión, hay competencia, espectáculo, diversión, risas y lágrimas, triunfos y derrotas, ilusión y decepción, en fin, todo tipo de emociones a flor de piel. Y eso ha convertido a este torneo, que se celebra cada cuatro años, en un evento tan esperado. Porque los seres humanos necesitamos un poquito de alivio, de descanso y distracción de nuestras múltiples ocupaciones y problemas. Y, quería contarle a usted: así comienza la película “México 86”, disponible en plataformas de streaming, presentando al México de principios de los ochenta, sumido en una crisis económica y social -me pregunto cuándo no lo ha estado, pero en fin- al que, la noticia de ser sede mundialista por segunda ocasión, le cayó como bálsamo para hacer de esa realidad adversa algo un poquito más llevadero.
Ciertamente esta película deja ver muy claramente que en la FIFA también hay corrupción, intereses económicos y políticos, cotos de poder y ambiciones de todo tipo. Pero eso era algo que ya sabíamos. La FIFA no es la ONU aunque, aceptémoslo, todos en algún momento llegamos a considerarla en algo parecido porque se nos ha vendido la idea -y la hemos comprado, además- de que el fútbol une a las naciones, lo cual tiene algo de cierto, aunque no quizás en el sentido en el que muchos idealistas de la paz y la concordia humana quisiéramos que lo tuviera.
Lo que sí vale comentar es que es impresionante cómo la FIFA ha convertido el fútbol en un negocio rentabilísimo, aprovechando cada centímetro de un estadio, cada segundo en televisión, cada emoción de los aficionados, en una gran oportunidad para generar riqueza. Y no es una crítica, sino un reconocimiento a el hecho de que cuando se hacen las cosas no bien, sino extraordinariamente bien, las consecuencias son evidentes. Y no quiero -que conste- afirmar que la FIFA es un ejemplo a seguir. Sólo que su modelo de negocio es creativo, siempre actual, perfeccionista y profesional y que, hacer las cosas bien en estos sentidos, alcanza resultados lógicamente esperados.
Por lo pronto a disfrutarlo. Habrá muchos partidos, unos más atractivos que otros. Claro que los mexicanos volvemos a soñar con que nuestra selección logre un desempeño adecuado -todos quisiéramos verlo campeón, por supuesto, insisto, se vale soñar- pero el caso es que, si se está consciente de todos estos detalles que han hecho de la copa del mundo lo que es, se apreciará muchísimo más este regalo que nos dan cada cuatro años.