

Juan Carlos Ramos León.
Es miserable quien abusa de la buena voluntad de una persona para beneficiarse ventajosamente de ello.
Generalmente el pensar en la miseria nos trae a la mente un paisaje gris y desolado, de casas de cartón y niños semidesnudos andando por calles sucias y tristes. Nos hace pensar en “los que menos tienen”. Pero en realidad es más miserable quien le quita algo a otro a la mala.
Es miserable, también, quien sufre y se desgarra por ceder, más a fuerza que con ganas, no un centímetro, sino un milímetro de lo suyo, o de lo que considera suyo, para que pase el bien común por en medio. Es miserable quien abusa de la buena voluntad de una persona para beneficiarse ventajosamente de ello.
Es miserable quien con un arma en la mano somete a alguien y con aquello sentirse superior y más valiente, y es más miserable quien oprime el gatillo para arrebatar los sueños e ilusiones de otro ser humano y desequilibrar todo su entorno de vida, afectando la cordura de quienes lo quieren y ahora lo pierden. Y sale del cuadro del concepto de “miserable”, y de hecho, sale de toda comprensión humana, quien grotescamente le quita la vida a alguien y va y lo cuelga de un puente o lo arroja en una carretera como dando un mensaje de superioridad. Ese sí no cabe en definición alguna, no puede ser considerado menos que animal y vaya que hasta los animales tienen impresos en sus ADN ciertos “códigos”.
Cuando en Zacatecas nos gobierna un mal gobierno decimos “no puede llegar otro peor” y siempre nos sorprendemos de que sí puede. Cuando ocurre un hecho delictivo escandaloso decimos “no puede suceder algo peor” y sucede. La pérdida de un ser humano -quienquiera que sea- a manos del crimen organizado es algo inadmisible. Pero esta vez se volaron las bardas y confirmaron lo que ya todos sabíamos, que no le tienen miedo ni respeto a nada. Otra vez Zacatecas vuelve a ser noticia a nivel nacional de la manera que lamentablemente se ha vuelto su estilo: por el terror, la muerte y la ingobernabilidad que predomina en su suelo.
Los zacatecanos estamos hartos ya de desayunar, comer y cenar el atole que nos dan con el dedo. De discursos de “todo está bien” y de auto colgarse medallas de “progreso” en el combate al crimen organizado. Necesitamos y exigimos resultados contundentes y determinantes. Necesitamos vivir en paz. Y es que, en esta conversación sobre la miseria, más miserable aún que quien le quita la vida a otro, más miserable que el que va y lo cuelga de un puente, es aquel que sale a decir que no pasa nada, que es culpa de los que estuvieron antes, que es campaña sucia de “sus adversarios” y que se está yendo por buen camino”.
Descansen en paz los zacatecanos caídos, mártires de esta horrible crisis. Dios consuele a sus familias.