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juan carlos ramos leon

Mientras la vida sucede

Mientras la vida sucede

Juan Carlos Ramos León.

Los políticos se dan con todo entre ellos buscando nuevas y creativas formas de culparse mutuamente paras nunca asumir el costo público de los errores que cometen.

Juan Ramos León
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24 de marzo 2025

Las redes sociales y los medios de comunicación nos presentan finas estampas de lo que sucede en la vida mientras los políticos se dan con todo entre ellos buscando nuevas y creativas formas de culparse mutuamente paras nunca asumir el costo público de los errores que cometen, ya sea ellos mismos, o sus correligionarios.

Así, mientras el debate público se centraba en si un puñado de ellos que no saludó a la presidenta en un mitin político por estarse tomando selfies con sus fans -cual si de figuras del espectáculo en la alfombra roja se tratase- debía o no de ofrecerle una disculpa pública, en la vida sucedía que más de una familia, en más de una región del país, abría los ojos después de haber dormitado quizás un par de horas en medio de la angustia de no tener noticias ni una respuesta clara de las autoridades acerca de uno de sus jóvenes miembros que no había regresado a casa desde hacía tres días.

También así, mientras se repartían culpas entre los gobiernos federal y estatal de Jalisco y los distintos organismos involucrados (no digo “responsables” porque las autoridades hace mucho que dejaron de serlo) sobre la siniestra aparición de un centro de exterminio, y alguno de ellos, viajando en avión a Europa en primera clase, haciendo gala de un extraordinario cinismo disfrazado de ingenuidad, se atrevió a cuestionar que lo ahí encontrado fuera indicio de desaparición forzada de personas, llegando incluso a denunciar una campaña sucia en contra del gobierno federal, en la vida sucedía que varios colectivos de madres buscadoras -el puro término “madres buscadoras” es la más clara señal de la etapa decadente en la que este país se encuentra- esperaban en las proximidades alguna señal de si su búsqueda llegó a su fin -y con ello su angustia- o si subsistía su esperanza en encontrar todavía con vida al producto de sus entrañas que les fue injusta y cobardemente arrancado de las manos sin mayor razón o explicación.

Y de igual modo, mientras en las cámaras los “representantes del pueblo” rearmaban el rompecabezas que les mandó su presidenta para patear tres años más el bote que les complica a varios de ellos “heredarse” un hueso debido a la regulación que plantea la ley contra el nepotismo, en la vida sucedía que centenares de niños con cáncer no podían ser tratados o porque no había dinero para comprarles medicamentos o porque los equipos con que se les diagnostica o trata se encontraban descompuestos o inoperables por negligencia o falta de mantenimiento o simplemente por demoras en la cadena de suministro debido a que el vendedor y el comprador tardaron en “ponerse de acuerdo” perdiendo así un tiempo preciosísimo en el que esa mortal enfermedad no da tregua.

Y, así, la vida en México sigue sucediendo…

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