

Sheinbaum Pardo durante su gira de trabajo por Zacatecas. | Foto: Cortesía.
La gira tenía un carácter institucional y el protagonismo debía recaer únicamente en la presidenta.
El Mundial ya entró en esa etapa donde se terminan los discursos y empiezan las pruebas de verdad. Francia contra España. Inglaterra frente a Argentina. Cuatro selecciones acostumbradas a jugar bajo presión, donde ya no basta con haber llegado lejos; ahora hay que demostrar quién tiene la capacidad para levantar la Copa del Mundo.
Las semifinales tienen una particularidad: nadie juega por su cuenta. El talento individual sigue siendo importante, pero pesa mucho más la disciplina táctica. El futbolista puede ser la figura, pero si abandona su posición para buscar protagonismo, termina perjudicando al equipo. En estas instancias, el lucimiento personal pasa a segundo plano; lo primero es respetar el plan.
Algo similar ocurrió esta semana en Zacatecas con la visita de la presidenta Claudia Sheinbaum. Mientras encabezaba actividades en Río Grande y en la capital del estado, varios de los aspirantes de Morena continuaron promoviendo las jornadas de defensa de la soberanía sin asistir a los eventos presidenciales.
Más que una ausencia, el mensaje parece haber sido de orden. La gira tenía un carácter institucional y el protagonismo debía recaer únicamente en la presidenta. Evitar que los aspirantes convirtieran la visita en una competencia por la fotografía, el saludo o la interpretación política habla de una estrategia que privilegió el proyecto por encima de las aspiraciones personales.
Y es que en política, como en el fútbol, una imagen puede valer más que un discurso. Una fotografía fuera de contexto puede alimentar semanas de especulaciones sobre favoritos, respaldos o candidaturas. A veces, la mejor jugada consiste precisamente en no disputar el balón.
Mientras tanto, la carrera por el 2027 sigue su curso. Los recorridos continúan, las estructuras se fortalecen y cada quien trabaja en su propia cancha. Habrá tiempo para los reflectores; por ahora, la instrucción parece ser mantener la formación y no adelantarse al silbatazo.
Las semifinales del Mundial nos recuerdan que los campeonatos no siempre los gana el equipo con más figuras, sino el que mejor entiende cuándo atacar, cuándo esperar y cuándo respetar la estrategia. En política sucede exactamente lo mismo. Los proyectos que llegan más lejos suelen ser aquellos donde todos conocen su papel y entienden que no todos los partidos se juegan igual.
Porque al final, tanto en el deporte como en la política, hay momentos para brillar… y momentos para demostrar que se sabe jugar en equipo.
Porque, al final… ¿qué hay de nuevo?