Pues siempre tan sin causa pretendiste…

Jaime Santoyo Castro.
Jaime Santoyo Castro.

La epístola de Terrazas, se refiere al amor incomprendido de una mujer, pero la osadía del gobernador de Nuevo León, se refiere a su incomprendido amor por el poder.

Esta frase, que es parte de una epístola del Poeta mexicano Francisco de Terrazas (1525 – 1600?) pareciera adecuarse a las circunstancias en las que el Gobernador de Nuevo León Samuel García se metió desde que anunció su pretensión de competir por la Presidencia de la República hasta el momento en que, sin mayor decoro, reculó al fracasar en su intento de imponer a quien lo supliera.

La epístola de Terrazas, se refiere al amor incomprendido de una mujer, pero la osadía del gobernador de Nuevo León, se refiere a su incomprendido amor por el poder.

Acercarse a la posibilidad de ser Presidente de la República debe ser todo un privilegio y oportunidad para dejar todo y dedicar su tiempo, su esfuerzo, su conocimiento y hasta su vida, por servir a su país y a los demás y precisamente tras esa causa, dispuesto a servir apasionadamente a México, Samuel García se encarriló y empezó una intensa difusión de su imagen en redes, sin mayor contenido ni sustancia. Envalentonado y lleno de soberbia y frivolidad, haciendo a un lado su compromiso de cumplir con la ley, de manera incomprensible, se obstinó en imponer a su secretario de gobierno como interino, y cuando fracasó, como inocente ofendido, dio la espalda a su pretensión y se enfiló a Palacio de Gobierno para seguir su confortable papel de gobernador.

¿Quién en su sano juicio y con tales convicciones deja la contienda y se va así, por una causa tan banal? Sólo alguien que no encuentra causa para luchar y que además no tiene palabra. Recordemos que al tomar posesión de su encargo aseguró que no haría lo mismo que su antecesor el bronco, que se separó del cargo para ir a contender por la presidencia de la República, pero se burló de ello.

La Ley de Murphy señala que todo lo que empieza mal, termina peor, y parece ser que Samuel García no midió bien desde el inicio de su aventura el resultado que tendría, pues además de su incongruencia, al plantear su solicitud de licencia al Congreso del Estado, dejó ver su intención por dejar como interino a su Secretario de Gobierno, lo que fue visto como un despropósito y una falta de respeto al Congreso del Estado,  pues es a éste órgano del Poder, y no a otro, a quien de conformidad con la Constitución Política del Estado le corresponde la facultad de nombrar al interino.

Además de ello, desdeñó el hecho de que la mayoría del órgano Legislativo no se identificaba con él, y lejos de realizar un trabajo político de acercamiento, diálogo y de acuerdos, los fustigó, los menospreció y los alejó. Por supuesto que no le iban a hacer el juego.

Con argucias legaloides propias de un dictador, aseguraba que era su facultad nombrar al interino, y que además éste debería ser de su Partido, argumentando que la voluntad popular le había otorgado la confianza a su Instituto Político, cosa más falsa, pues no existe ninguna disposición legal que fundamente tal pretensión, y por lo contrario, la Constitución Política del Estado de Nuevo León señala con precisión que el nombramiento del interino es una facultad exclusiva del Congreso del Estado, y no queda sujeto a designar bajo ningún signo partidario.

Este empecinamiento no sólo causó mucha polémica, sino que generó infinidad de suspicacias, porque surgieron versiones de que trataba de poner a alguien de su equipo para no dejar ver las irregularidades cometidas hasta ese momento en su administración, y de las simple polémica se pasó a los recursos ante todo tipo de instancias, hasta llegar a la Suprema Corte de Justicia de la Nación, que sin ambages de ninguna naturaleza,  al observar lo ilegítimo de la causa aducida por el Gobernador, resolvió que era el Congreso del Estado el único facultado para nombrar al interino, y que en razón de ello, el designado por éste órgano legislativo era el que legítimamente debería asumir el Gobierno del Estado en forma interina para cubrir la licencia de Samuel García.

Al enterarse de ésta resolución, notificada unos minutos antes de las cero horas del sábado dos de diciembre, Samuel García hizo a un lado lo que parecía era una misión por alcanzar sus ideales de servir a la nación, y prefirió desistir de tal propósito renunciando a la licencia otorgada para continuar en el cargo de Gobernador.

Ahora Movimiento Ciudadano deberá nombrar candidata o candidato. Ojalá y recuerden que entre sus filas hay zacatecanas y zacatecanos con amplios merecimientos y capacidades.




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