
Jairo Mendoza.
Trump regresa después de 8 años a la silla política más importante del mundo, venciendo al oficialismo liberal y con una sed de revanchismo para adoptar reformas más severas.
Como anticipaban varias casas de encuestas y medios de comunicación, Donald Trump es nuevamente el presidente de los Estados Unidos, con una ventaja de 277 votos del Colegio Electoral sobre la demócrata Kamala Harris. Sumado a lo anterior, Trump tendrá poder absoluto tanto en el Congreso como en el Senado, lo que podría implicar la imposición de una agenda legislativa bastante agresiva.
Tras acusaciones penales, imputaciones y atentados, Trump regresa después de 8 años a la silla política más importante del mundo, venciendo al oficialismo liberal y con una sed de revanchismo para adoptar reformas más severas que seguramente impactarán a México y a muchas naciones del planeta.
Con la experiencia previa de haber gobernado la nación americana en 2017, Trump ya conoce las entrañas de la administración pública y seguramente no cometerá los errores políticos de su anterior gobierno, por lo que regresa con una imagen renovada, a favor de una derecha ultranacionalista y en contra de la llamada izquierda “woke”.
En un país sumamente dividido, entre los sectores urbanos (élites, académicos, etc.) que tienden apoyar a los demócratas y los sectores rurales (votantes blancos, minorías, etc.) que se identifican con los republicanos, los electores optaron mayoritariamente por las propuestas de Trump, a quien lo ven como una especie de salvador dispuesto a reforzar la economía local, apoyar las políticas antinmigrantes y combatir las políticas progresistas.
El triunfo de Trump probablemente tendrá consecuencias negativas para México en tres aspectos: en las relaciones comerciales, en las relaciones exteriores y en las relaciones políticas.
En las relaciones exteriores, debido al endurecimiento de las políticas migratorias, mediante deportaciones masivas; en las relaciones comerciales, en vista de que implicaría incrementos en los aranceles y en las tasas de interés que podrían reflejarse en menor crecimiento económico y menor inversión en México; y en las relaciones políticas, en donde Trump ha dado muestras de intervencionismo en su retórica por el interés hacia el combate a las drogas en México y a la estrategia de seguridad del gobierno de Claudia Sheinbaum.
Muchas lecciones dejan estos comicios en Estados Unidos a la clase política mundial, en donde la izquierda pierde el bastión político de la nación más importante del mundo. Esta victoria de los republicanos se relaciona en un contexto global donde la visión de derecha sigue ganando terreno y sobre todo, adeptos, en varios países, impulsada por discursos que mezclan nacionalismo y promesas de cambio frente a un “establishment” apreciado como incapaz.