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26 de septiembre

26 de septiembre

Vejez, enfermedad y muerte

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Gerardo Luna Tumoine.

Son tres experiencias humanas que nos permiten comprender el verdadero significado de la vida, la enfermedad nos permite valorar lo que hemos dejado de hacer, la vejez nos da la oportunidad de obtener la sabiduría a través de la experiencia que nos prepara a asimilar el fin de nuestra etapa, que es la muerte.

La gente se enferma cuando el bienestar físico, psicológico y espiritual están en desequilibrio y para recuperarlo se debe de tener orden emocional, para ellos se debe vencer la ignorancia.

La medicina moderna trata los síntomas de un paciente, pero no mejora los problemas psicológicos, para ello es necesario que sus emociones y su entendimiento derrote la ignorancia que lleva a tres venenos mentales: el apego, el odio y el engaño, y estos afectan la energía que lleva a la enfermedad.

Hay dos formas de enfrentar la muerte mientras vivimos: elegimos no pensar en ella, o podemos hacer frente a la perspectiva de nuestra propia muerte ¿Cómo hacerlo?.. Reflexionando con claridad sobre ella, tratar de reducir al mínimo el sufrimiento que puede producir. Sin embargo, con ninguna de estas dos actitudes podemos llegar realmente a vencerla.

La muerte es un proceso normal, una realidad que en efecto ha de ocurrir en nuestra permanencia terrenal. Sabiendo que no es posible eludirla, no tiene sentido preocuparse por ella. Tendemos a figurarnos la muerte como un cambio de ropa cuando está vieja y gastada, no como un final definitivo. Pero la muerte es imprevisible: ignoramos cuándo o cómo ocurrirá. Así pues, resulta sensato tomar ciertas precauciones antes de que se produzca realmente.

Es evidente que a la mayoría de nosotros nos gustaría tener una muerte apacible, pero también está claro que no podemos esperar una buena muerte si nuestra vida ha estado llena de violencia, si nuestra mente ha estado agitada principalmente por emociones como la ira, el apego o el miedo. Por lo tanto, si deseamos morir bien, hemos de aprender a vivir bien; manteniendo la esperanza de una muerte apacible.

Debemos cultivar la paz en nuestra mente y en nuestra manera de vivir y recordar que “tu forma de vivir, será tu forma de morir.”

¿Para qué sirve la vida si no es para darla?

 

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