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17 de octubre

17 de octubre
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Huberto Meléndez Martínez.

Dedicado al profesor Julio Rodríguez Ramírez, con afecto.

Tuvo numerosas y grandes lecciones profesionales en la docencia, cuando aquel entusiasta practicante quedó asignado al grupo de  primer grado de primaria.

Conforme al plan anual, pidió anuencia a la maestra titular para proceder a organizar a los escolares, a fin de distribuir las diversas responsabilidades entre niñas y niños, mediante las cuales tendrían la oportunidad de aprender a relacionarse en aquella pequeña comunidad de escolares, con reglas y dinámicas de convivencia, las cuales podrían generar buenos resultados en los años sucesivos y, de ser posible, ir forjando personalidades orientadas a forjar ciudadanos ejemplares en la juventud o adultez.

La mentora apoyó siempre las iniciativas del docente novicio, aceptó al ver la lista de comisiones que pretendía implementar el joven y escuchar las concepciones.

Jefe de grupo: Representarían a sus condiscípulos ante el Consejo Escolar.

Subjefe: Suplirá al jefe, en caso necesario.

Secretario: Sería una función que ocuparía la atención especial del prestador de Servicio Social, pues en ese año aprenderían a leer y escribir.

Tesorero: Colaboraría principalmente promoviendo la participación y fomento del ahorro.

Coordinador de higiene: Verificará el aseo personal y el cumplimiento del rol de limpieza del salón.

Coordinador de la sección de consumo: El director tenía a cargo la administración de la tienda escolar y los alumnos de sexto año, pero involucraba al menos un alumno de cada grado. Participaría frecuentemente en las acciones de venta de golosinas durante el horario de descanso.

Encargado del timbre: Sonaría la campana para anunciar la hora de salida y entrada al recreo durante la semana de guardia. Ésta comisión atraía al estudiantado, porque se trataba de percutir, con un pedazo de tubo metálico, un trozo de riel de ferrocarril en forma de aro, que pendía de una rama del mezquite, junto a la ventana del salón.

Convencido de la implementación de la práctica de la democracia, programó la sesión para realizarla minutos antes de finalizar la jornada. Imaginó que aquellos pupilos, entusiasmados comentarían en la familia sobre sus primeras elecciones.

Al concluir la breve explicación de las funciones de Jefe de grupo solicitó…

“Por favor levanten la mano los que quieran proponer a alguien”.

El ver una docena de pequeñas manos levantadas proporcionó una de sus primeras emociones, sintiéndose realizado como profesor, al advertir una participación tan copiosa.

Viendo las caras impacientes, dio la palabra a René.

“Yo quiero ser el jefe” expresó el niño.

“No, no”, corearon otras voces más con el brazo alzado.

Sonriente por la inocente petición dio la voz a Sonia, la cual pidió esperanzada: “Yo quiero ser la Jefa”. “No, mejor yo”, se escuchó en otras voces.

Perplejo el docente insistió. “Se trata de que propongan a otras personas”.

“No, no, yo quiero ser…” se oía en la estancia.

Desencantado pospuso la sesión al sentir dificultad para realizar su plan.

Quedó contrariado y en estado de inquietud ante la realidad que tenía en frente.

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