

Saúl Monreal Ávila, docente de la Unidad Académica de Derecho de la UAZ.
Las visitas presidenciales siempre representan una oportunidad para cualquier estado, son espacios donde se supervisan obras, se revisan compromisos, se anuncian inversiones.
La visita que nuestra presidenta de México, la Dra. Claudia Sheinbaum Pardo, tenía programada para este fin de semana en Zacatecas habría representado su cuarta gira oficial por la entidad desde el inicio de su administración. Sin embargo, por razones que llevaron a una modificación de su agenda, el encuentro fue pospuesto y será reprogramado en una fecha posterior.
Lo demás ha sido una demostración de cómo algunos sectores han convertido la política en un ejercicio permanente de confrontación, donde cualquier circunstancia es utilizada para alimentar narrativas de fracaso. Apenas se conoció la cancelación, no faltaron quienes salieron a celebrarla, a difundirla como si se tratara de una derrota para el gobierno federal o como si Zacatecas hubiera ganado algo con la ausencia temporal de la titular del Ejecutivo Federal.
Nada más alejado de la realidad, porque más allá de colores partidistas, filias ideológicas o preferencias electorales, las visitas presidenciales siempre representan una oportunidad para cualquier estado. Son espacios donde se supervisan obras, se revisan compromisos, se anuncian inversiones y se aceleran proyectos que impactan directamente en la vida de las familias. Quien se alegra porque una visita presidencial no se realiza, en realidad se alegra porque Zacatecas deja de tener, aunque sea momentáneamente, esa atención directa del gobierno federal.
Por eso sorprende que algunos pretendan presentar la cancelación como una victoria política, no lo es. Y quienes así la interpretan son, en muchos casos, los mismos que desde hace años han apostado a que la Cuarta Transformación fracase. Son los mismos que han deseado que las obras no funcionen, que los programas sociales no den resultados y que los gobiernos emanados de este movimiento acumulen errores para después decir: “se los advertimos”.
Durante ocho años han construido buena parte de su discurso sobre el deseo de que las cosas salgan mal. Porque cuando las cosas salen bien, sus argumentos pierden fuerza. Y cuando algo se pospone, por mínimo que sea, aparecen para convertirlo en motivo de celebración.
Pero la política seria no se construye sobre los tropiezos ajenos ni sobre los calendarios modificados. Se construye sobre resultados y sobre propuestas reales, por eso los opositores no avanzan y están al borde de la extinción política, por su falta de visión y seriedad.
La visita presidencial no fue cancelada de manera definitiva, todo apunta a que será reagendada, cuando eso ocurra, Zacatecas volverá a estar en la agenda nacional y continuará el seguimiento de los proyectos estratégicos que hoy se desarrollan en la entidad.
Por eso quienes hoy festejan deberían reflexionar, porque una cosa es cuestionar a un gobierno, algo legítimo en toda democracia, y otra muy distinta es alegrarse cuando una oportunidad para Zacatecas se pospone. Al final, los que creen que la ausencia temporal de la Presidenta representa una victoria política quizá no han entendido que cuando le va mal a Zacatecas, no pierde un partido ni un gobierno: perdemos todos.