|  

Edición
Impresa

04 de diciembre

Imagen Zacatecas edición del 04 de diciembre de 2021

La gloria de Los Pintados

Share on facebook
Share on twitter
Share on whatsapp
Share on email
Simitrio Quezada.

 

En la zacatecana Jalpa, hablar de Los Pintados es remitirse a la irrespetuosa algarabía de cada 25 de diciembre y 1 de enero sobre los escalones de Sol en la plaza de toros. Desde allí, esos jóvenes se lanzan pintura mezclada con cerveza y abuchean a medio mundo, sobre todo si es autoridad. Los papás ―Pintados de anterior generación― se escandalizan ahora, amnésicos, compadeciendo a matador, picadores, reina de la feria y presidente municipal.

Entre la mancha de pechos masculinos y algunas multicolores camisetas rotas, dos o tres llevan trompetas para competir contra los “músicos huevones” pagados por el gobierno local, mientras muchachas y policías los rodean: ellas para ser pintarrajeadas, ellos para prevenir que los desmanes desborden límites.

Durante años, mucha gente ha visto a los Pintados como franca expresión del pueblo. Han sido terror de presidentes, diputados, regidores, reinas de la feria, toreros, reporteros, caciques, cronistas y otros divos. Del rehilete sin brida surgen también gritos para los famosos del pueblo: El Chutas, El Golo, El Güero Charles, El Trino Paz Enooorme.

Los Pintados han sido, además, creadores de mantas: grafitis sin pared hechos para la ocasión y la pasajera vergüenza de los destinatarios.

La melodía natural de los desmadrosos es la gozosa mentada de madre. Son orgulloso escándalo. Pasan sobre la indignación de señoras, señores y demás jóvenes que ―ya los imagino― también criticarán a quien publica estas líneas (“¿Para qué los engrandeces? Deberías escribir sobre cosas constructivas para tu pueblo; no sobre ésos…”).

La gente siempre estará rumorando: “Son tontos útiles… Son valientes y auténticos… Forman su bolita para insultar a las autoridades… Son la voz que denuncia divirtiéndose”.

Con, sin y a pesar de todos, esa tradición de rostro violeta, amarillo, rojo y negro continuará ejerciendo su crítica entre correr de pintura con cerveza, muchachas en gritería y sombreros con bandera mexicana, abucheos a toreros, músicos acusados de perezosos, norteños ostentosos y admirada gente instalada en Sombra.

En un pueblo como aquél en que nací, donde hablar o escribir puede significar la condena y el descalabro (al criticarme, los escandalosos darán validez a estas afirmaciones), cada año aumenta la tradición y gloria de Los Pintados de Jalpa.

Don`t copy text!