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28 de noviembre

28 de noviembre

Invención por necesidad

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Huberto Meléndez Martínez.

Después de varios años de combinar el tallado de lechuguilla con la agricultura, la ganadería o emplearse como peón en la mina, el joven Juan consideró que debía existir alguna forma de reducir el esfuerzo y aumentar la producción de ixtle.

Salir caminando desde temprano para aprovechar las horas de sol menos intenso y llegar a algún punto en el cerro en donde hubiera la suficiente planta para desprender los cogollos con su cortadora (cogollera), depositándolos en la oaxaca (especie de canasto elaborado con varas de mimbre y mecate, con su respectivo mecapal), luego de acomodar el sitio donde deshojarlos, desechar las pencas más tiernas (las interiores), quitarles las espinas laterales; colocar el banco, tallador bien apoyado de la punta en el tronco de algún arbusto fuerte como gobernadora o huizache (para también aprovechar la sombra que pudiera proporcionarle las ramas). Permanecer en esa acción por una jornada de por lo menos ocho horas, le daba tiempo suficiente para meditar.

Sus pensamientos iban siempre en busca de herramientas que facilitaran ese trabajo.

Miles de familias subsistieron produciendo esta fibra por décadas, aunque la realizaban como última opción, es decir, preferían realizar otra actividad productiva más rentable.

De cada penca podía extraerse unos tres gramos de ixtle, así que era necesario mucho esfuerzo en una jornada de trabajo para producir cuatro kilogramos en promedio, que podían ser cambiados en la Cooperativa del rancho, por unos tres kilogramos de frijol.

El ixtle se utiliza para elaborar cuerdas, tapetes, brochas, costales, cepillos y otras artesanías.

Por fin encontró una solución, aprovechando la fuerza del motor del molino de nixtamal donde trabajaba su hermana Manuela.

Colocó un eje en la polea mayor, con una banda hacia otra polea. Ésta segunda fue su invención: un tronco de madera cilíndrico al que le insertó clavos descabezados de 4 pulgadas, dejándolos todos a la misma altura de la superficie curva de ese cilindro. Lo fijó próximo a una base plana de madera en forma horizontal (a manera de banco), dejando una pequeña ranura de tamaño menor a la hoja de la lechuguilla, acercaba ésta por la punta para eliminar la pulpa (bagazo) con la rotación de ese cilindro y la función de los picos, luego descarnaba de manera similar el otro extremo.

Redujo a veinte minutos el esfuerzo de un día de trabajo. Hubo un reto que no pudo resolver en su momento perdía mucha fibra pues los filamentos más cortos eran jalados por las puntas metálicas.

Un lamentable accidente, a falta de accesorios de protección le descarnó el dedo índice de la mano derecha y desistió de la actividad durante el tiempo de recuperación.

La prueba fue efectiva, funcional. Desconoce si ese prototipo fue conocido por otras personas, porque décadas más tarde proliferaron por el norte del país máquinas parecidas, las cuales dejaron de utilizarse porque llegó La era del plástico y sustituyó ese material.

 

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