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Incertidumbre y desafío

Incertidumbre y desafío

Huberto Meléndez Martínez

   |  24 marzo, 2020

Huberto Mélendez Martínez.

Dedicado a Alex y Danny, con el anhelo de un futuro prometedor.

En un sector de la población, esencialmente personas mayores de 60 años, hay un sentimiento de aceptación sobre la posibilidad de dejar de existir por alguna situación que puede presentarse en su vida, como inseguridad (extorsiones, secuestros, asaltos, accidentes), sociales (conflictos familiares, crisis de identidad, soledad, desequilibrios emocionales, desempleo o violencia intrafamiliar), salud (infartos, infecciones, contagios, enfermedades ordinarias a su nivel y estilo de vivir, entre otras).

Este pensamiento podría considerarse como superficial, pues muy en el fondo, se debe a que han vivido múltiples experiencias, unas felices, gratificantes, alegres, enriquecedoras, alentadoras; otras desafortunadas, lamentables, trágicas o tristes; recibido numerosas oportunidades de realización; conocido un mundo que se modifica sorprendentemente en lo social y natural; han sido testigos, beneficiarios de los adelantos científicos y tecnológicos, que no ocurrieron en otras épocas remotas.
Es razonable su pensamiento por esas circunstancias, pero otros entran en depresión ante la incertidumbre que actualmente involucra a las generaciones, en especial niñas, niños y jóvenes, quienes deberían estar recibiendo noticias motivadoras que les permitan fincar la esperanza de poder vivir sanos, que por derecho natural les corresponde.

Ahora la humanidad tiene una gran oportunidad para crecer positivamente en todos los sentidos.

Quizá la soberbia le ha alejado del reconocimiento de las cosas elementales como la solidaridad, sencillez en el trato a los demás, usar responsablemente los recursos materiales, aproximarnos a la productividad, evitar los abusos, cultivar el humanismo, acercarnos más hacia los valores que garanticen armonía y convivencia pacífica en las comunidades.

Especialmente motivar hacia el trabajo colaborativo, la producción de alimentos, estudiar con mayor intensidad, encontrar respuestas a las situaciones que se presentan en el devenir humano y tener el respeto debido al planeta.

Hay acciones tan simples, que practicarlas nos puede evitar complicaciones mayores como comer sano, balanceado y nutritivo, tener hábitos ordinarios de higiene y mantenerse físicamente en actividad. Propiciar una comunicación para una relación sana entre las personas desde el entorno inmediato en la familia, los amigos, vecinos y compañeros.

Reencontrar las razones fundamentales para vivir. Sentir la fragilidad de la existencia quizá permita pensar en aquello que no se ha hecho bien, en lo que se quisiera repetir para hacerlo mejor. Identificar lo importante de la existencia, de la relación con los demás.

El ser humano ha podido sobrevivir en condiciones extremas por su capacidad de modificar el entorno físico, desarrollando su facultad intelectual y sensibilidad humana.

Esta vez tampoco será la última ocasión en que se vea en riesgo de exterminio. Encontrará los medios para resolver las distintas problemáticas que se presenten en su tiempo, las de orden social, espiritual, emocional, afectivo, filosófico e indudablemente las de orden natural (alimenticio, nutricional, médico, ambiental).

La humanidad ha tenido ante sí el desafío de subsistir ante amenazas de hambruna, guerras, pestes. Hoy aplica, como en múltiples ocasiones anteriores la afirmación aquella: “Cada siguiente nivel de tu vida demandará una nueva versión de ti”.

*Director de Educación Básica Federalizada

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