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Fiscalizados y Punto Final

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Pablo Torres Corpus
Pablo Torres Corpus.

Recuerdo que cuando empecé a participar en campañas decían que para ganar sólo se requerían tres cosas: padrino, merolico y candidato.

En 1998 pese a la legislación electoral y las buenas intenciones no había candados para el financiamiento de campañas; de hecho, las elecciones eran un eficaz medio para lavar dinero.

Afortunadamente al paso del tiempo y la consolidación de la democracia cambiaron las reglas y restricciones y hoy hay una eficiente y pujante legislación que vigila, transparenta y sanciona los dineros en elecciones.

Hoy dicen los que saben, las elecciones se ganan en las urnas y en los escritorios, son los votantes, pero los que deciden las elecciones y los contadores y abogados los que las ratifican.

 Más allá de la necesaria legalidad y honorabilidad en el financiamiento de campañas, va de por medio la capacidad de los candidatos para administrar.

Sí un candidato no puede poner orden, supervisar, transparentar y administrar los “escasos” y regulados recursos de su campaña, mucho menos va a poder administrar, ordenar, supervisar y gestionar los recursos de un municipio, estado, distrito o algún presupuesto.

Sí un candidato ya sea por gandalla o ignorante no puede acatar las disposiciones legales de una campaña, mucho menos va a poder trabajar con todo el marco normativo de una localidad, distrito o entidad.

Además de la necesaria prueba de la urna, los candidatos deben pasar la de la fiscalización, la del orden y transparencia de sus finanzas, por su bien y el de los gobernados.

Sí son incapaces de bien gastar un recurso sobre vigilado, etiquetado y expuesto al escrutinio público, ni de chiste van a poder con los dineros de un municipio si son candidatos a presidente o una cuenta pública si son candidatos a diputados.

Es incómoda, pero celebrable la fiscalización que el Instituto Nacional Electoral ha impuesto a los partidos gracias a las reformas de 2006 y 2013, reformas nacidas de la inconformidad de la oposición y necesidad de la democracia.

Sí su candidato es incapaz de administrar tres pesos con manual de gasto o diciéndole en que se los tiene que gastar, ni de chiste podrá con el municipio entidad o presupuesto.

Pensémoslo dos veces, el presupuesto es público y producto del pago de nuestros impuestos.

Punto Final

Animas que haya más debates.

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