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23 de mayo

23 de mayo

Djokovic, engañó cuando mentía

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Gerardo Luna Tumoine.

Todo un caso el de Djokovic, que fue escuchado y se pudo defender de forma suficiente donde  intervenieron todas las autoridades ejecutivas y judiciales pertinentes. Por ello, el campeón deportivo no se convertirá en un icono respetable del movimiento antivacunas. Todo un ejemplo de respeto y humanidad el procedimiento aplicado por Australia a sus vacilaciones y errores. No por ser, el campeón no se convertirá en un icono respetable del movimiento antivacunas, y que se le tolere todo, porque toda causa, tiene un efecto o consecuencia.

Porque él mismo ha reconocido sus errores graves en su actuación. Que podrían configurar algo peor, un intento de engaño a las autoridades y a los ciudadanos australianos embarcados en una rigorista campaña antipandemia. Aunque eso será difícil saberlo, pues desconocemos el detalle del historial médico y de sus pasados engaños, y está bien que sea así, que se preserve esa privacidad de sus datos personales: forma parte del elenco garantista en las democracias.

La controversia se inició el pasado 5 de enero, cuando las autoridades australianas impidieron la entrada del tenista al país por no cumplir con los requisitos de entrada. El caso dio un giro con la decisión judicial que ordenaba su liberación de inmediato, pero se volvió a torcer a medida que se hacían públicas las imágenes que evidenciaban que se había saltado el aislamiento como positivo de Covid-19 y que había mentido o, al menos, ofrecido información incorrecta en el formulario necesario para acceder a Australia, que es uno de los paises en los que más se ha empecinado en la estrategia “cero covid”.

Djokovic cometio erroes, y los errores se pagan, declarar que no había pasado por otro país (España) antes de volar a Melbourne. A esos errores se les suman sus apariciones sin mascarilla en eventos públicos y se les agrega su campaña antiprotección (“me opongo a la vacunación”). El virus Djokovic no son sus errores, sean inexactitudes o falsedades. Es que de ellos y de su conducta se infiere la falta de credibilidad sobre su respeto al derecho de los demás a no ser infectados.

Por eso Australia le expulsa, tras cometer dos fallos: un expediente favorable elaborado a la ligera a nivel estatal en Victoria, Australia y un reprobable ninguneo de los agentes federales de inmigración a su derecho a un procedimiento equitativo (con tiempo holgado para organizar su defensa). Por eso el juez Kelly suspendió la cancelación del visado. Esa rectificación, la pausa en la decisión final del Gobierno federal de deportarle —por razones mayores de “salud”, “buen orden” e “interés público”— y el sometimiento del caso a un tribunal en pleno han validado el proceso. Replica el Gobierno serbio que era mejor ahorrar esos pasos, esa “tortura”. Así piensan los partidarios de los juicios sumarísimos. Dios nos libre de ellos.

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