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Convicción

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Juan Carlos Ramos León.

Convicción es alguien gritando “¡Viva Cristo Rey!” frente a un pelotón de fusilamiento a punto de dispararle después de haberle concedido la última oportunidad de renunciar a sus creencias cristianas enfrente de todos a cambio de conservar la vida.

Convicción es obligar a una columna de tanques de guerra a detener su marcha hacia una represión militar a la población civil poniéndole como único obstáculo la propia persona.

Convicción es pasar la mayor parte de la vida en la cárcel por convertirse en el crítico incómodo de un régimen totalitarista.

Convicción es defender una causa cuyos frutos no se sabe si llegarán a darse mientras se tenga vida, es decir, ser conscientes de que podría llegar primero la muerte que el resultado de todo aquello para lo que se ha vivido.

Convicción es colgarse al cuello un letrero de “no votes por tal o cual partido político” y pararse durante algunas horas a la entrada de un fraccionamiento para tratar de transmitir ese mensaje a los vecinos. Y aquí es donde me detengo.

¿Usted de qué está convencido? ¿Eso le hace bien? ¿Lo comparte con otros? ¿Se esfuerza por convencerlos de lo mismo? ¿Está dispuesto a defender con todas sus fuerzas aquello, si es que los otros lo rechazan, ignoran o peor aún, intentan forzarlo a dar un giro de 180 grados a su pensamiento? Demasiadas preguntas, muy pocas respuestas.

¿Sabe algo? Hemos llenado a este mundo de seres con pensamientos frágiles y de ideologías poco arraigadas que se sostienen con alfileres y que más bien llenan el cielo de tanto que vienen y van. Ya casi nadie somos capaces de defender con las uñas aquello que nos inculcaron nuestros padres. Ya no quedan padres Miguel Agustín Pro, ni activistas de la talla de Mahatma

Gandhi o Nelson Mandela u “hombres del tanque” que se planten frente a la corriente de destrucción que se cierne sobre nuestra sociedad.

Los grandes comienzan con actos aparentemente sencillos, como el del letrero de “no votes …”. Pero se requiere valentía para empezar a llevarlos a cabo. Y verdadero amor a sí mismo y a los seres más cercanos.

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