

La disminución del índice de natalidad se ha convertido en una tendencia global.
Guerras, crisis económicas, elecciones y avances tecnológicos hoy son el foco de la atención pública. Sin embargo, una transformación mucho más profunda avanza de silenciosa manera: El acelerado descenso de la natalidad en gran parte del planeta. Se trata de un fenómeno que está modificando la estructura demográfica de las sociedades y que podría traer consecuencias tan graves como las que ocasiona el cambio climático o la revolución de la inteligencia artificial.
Durante años la humanidad tuvo que enfrentar una constante preocupación: El crecimiento acelerado de la población. Mucho era el temor de que los recursos serían insuficientes para educar, alimentar y dar bienestar a miles de millones de personas. Sin embargo, en una de las grandes paradojas del siglo XXI, muchos países actualmente se enfrentan al problema contrario; nacen cada vez menos niños.
La disminución del índice de natalidad se ha convertido en una tendencia global. En muchos países desarrollados e incluso en varios de América Latina, las tasas de nacimiento han disminuido por debajo del nivel necesario para reemplazar a la población. En términos sencillos, cada generación está siendo menos numerosa que la anterior. Esto ocurre por causas diversas. En el caso de las mujeres, su reconocimiento social y el acceso a la educación posibilitó sus oportunidades personales y profesionales. El crecimiento urbano trajo consigo el aumento en el costo para criar hijos. El gran incremento de los costos para la renta o propiedad de una vivienda, los acelerados cambios culturales y la incertidumbre económica, son algunos de los factores determinantes que influyen poderosamente en la decisión de formar una familia y postergar la maternidad y la paternidad.
Esta primera percepción podría parecer una noticia muy buena. Menor cantidad de personas implica menor presión acerca de los recursos naturales y el medio ambiente. Sin embargo, las consecuencias económicas y sociales son más complicadas. Cuando nacen menos niños, la población envejece y con esto, después de pocos años aumenta el número de personas con derecho a pago por jubilación mientras que disminuye la cantidad de trabajadores sobre los que se sostienen los sistemas de pensiones, seguridad social y salud. Esto trae como consecuencia una incremento en la presión sobre las finanzas públicas y plantea la interrogante acerca del sostenimiento de los esquemas para los actuales modelos de bienestar.
De manera que, una sociedad envejecida enfrenta serios problemas; menos dinamismo económico, escasez de mano de obra y graves dificultades para mantener la innovación. Históricamente se atribuye a las generaciones jóvenes una fuente importante de emprendimiento, creatividad y transformación social.
Estudios en demografía consideran que una población se mantiene estable cuando cada mujer tiene en promedio alrededor de 2 hijos a lo largo de su vida, esta cifra se conoce como “taza de reemplazo”. Hoy día más de la mitad de los países en todo el mundo se encuentran por debajo de ese nivel. Países como Corea del Sur, Japón, Italia y España se encuentran en el registro de las tasas de natalidad más bajas de la historia moderna.
Para el caso de México, se ha detectado una reducción significativa en el número promedio de hijos por familia durante las últimas décadas. Lo sorprendente es que esta tendencia se observa en países pobres y ricos, autoritarios y democráticos, seculares y religiosos. Se puede detectar como un fenómeno global.