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28 de noviembre

28 de noviembre

El Runrún: Castigo a Tello, por venganza

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Jehú Salas.

Mario Puzo escribía en su obra El Padrino que la venganza es un plato que sabe mejor cuando está frío. Así lo hicieron en el TRIJEZ en su polémica sanción contra el gobernador Alejandro Tello. Los motivos de su venganza se remontan a finales del sexenio de Miguel Alonso. En las últimas semanas de la campaña de Tello, había un grupito de abogados talentosos y apasionados tellistas. Uno, joven magistrado del TRIJEZ, acudía a una casa del exclusivo fraccionamiento Bernárdez donde en las noches despachaba, casi siempre alcoholizado, Jorge Romero El Cochiloco, delegado del PRI en ese entonces. Ahí el joven magistrado, dócil y acomedido, recibía órdenes para “garantizar gobernabilidad” en la contienda en la que ya se anticipaba la victoria de Tello. Pasaron los años y todos esos jóvenes tellistas se acomodaron en puestos del servicio público. Jehú Salas, parte de ese grupo de abogados, fue nombrado coordinador General Jurídico, luego secretario General de Gobierno y ahora acaba de ganar el distrito de Ojocaliente para ser diputado local.

La ruptura
En cuanto inició Tello su gobierno, el grupo de abogados no tardó en pedir puestos y altos salarios para ellos y amigos, familiares y recomendados. Pedían al menos 50 mil pesos mensuales de salario para sus allegados. Al final, todos agarraron huesos en el servicio público, pero no se les cumplieron sus caprichos excesivos. Ahí fue la ruptura. Se fueron acumulando rencores y envidias que ya van reluciendo. De esos cuatro amigos, el mandadero de El Cochiloco es ahora magistrado del Tribunal de Justicia del Estado. Otra, Violeta Cerrillo, es diputada electa por Morena y ha sido dos veces regidora en Guadalupe; Esaú Castro es magistrado del TRIJEZ y Jehú Salas es el único de aquellos tellistas que aún es fiel a su amigo Alejandro. Y fue el que tuvo que decirles que no a las exigencias que hicieron sus tres amigos. Esaú, Édgar y Violenta: los tres ahora morenistas, los tres con puestos importantes en la vida pública, los tres ahora enemigos de Jehú y de Alejandro Tello. En estos cinco años ya tejieron su venganza y de ahí se deriva la controvertida sanción al gobernador por su participación en un evento público, en domingo, apoyando a la candidata priísta. Más fue la polémica porque mientras castigaron al titular del Ejecutivo, al senador Ricardo Monreal le dieron un trato muy diferente. Denunciado por motivos similares, no le encontraron ninguna culpa por el apoyo que dio a su hermano David, hoy gobernador electo. No hubo justicia. Hubo venganza.

No se puede
Ya se toparon con la pared aquellos deseos y ambiciones de la gente del D21. Querían todas las renuncias de director para arriba, pues son muchos los compromisos con los seguidores que esperan una buena chamba en gobierno. David Monreal quisiera tener puestos infinitos para cumplirles a todos, pero no se puede. Y eso es una bronca que enfrenta cada nuevo gobierno. No pueden corren a los directores porque los necesitan para cuestiones técnicas y administrativas, además de la entrega-recepción. Es como querer un servicio pero correr antes al que lo haría. Otro impedimento para correr gente es que la burocracia tiene derechos laborales y antigüedad, incluso los de confianza. Y si gobierno se aferra a despedirlos tiene las de perder con las demandas laborales. Por lo pronto, muchos burócratas ya buscaron al abogado de su confianza. Otros destacan el apoyo que dieron a David y así se sienten seguros en sus puestos. Es una vieja práctica de la burocracia cargarse hacia el puntero para cuidar su chamba. Eso explica un montón de deslealtades que todavía se recriminan en el PRI.

Pleitos en el tricolor
El martes Roberto Luévano tuvo una reunión en Guadalupe con candidatos electos y no electos de la alianza PRI-PAN-PRD. Su intención: hacer grilla para pelear la dirigencia estatal del tricolor, pero ayer lo frenaron en seco. En reunión del gabinete por la mañana, el gobernador les pidió: “quítense de grillas, mejor cuiden su entrega recepción porque yo no meteré las manos al fuego por nadie”. Así pues, se respaldó la continuidad de Enrique Flores en el comité estatal del PRI. Ese mismo mensaje se dio más tarde, en una comida en La Quinta Cordero, a la que asistió Claudia Anaya. Esa comida con asado y agua de horchata se organizó en parte para agradecer el apoyo que dieron los delegados municipales del partido, pero un sector de estos está inconforme. No con Claudia, sino con la dirigencia estatal a la que señalan de falta de apoyo y seguimiento durante el proceso electoral. Y este grupo de inconformes, se ha ido a sumar con Roberto y el grupo de Pinos de Gustavo Uribe. Pero quienes dan el respaldo a Enrique alegan que no se puede incurrir en mañas oportunistas para hacerse con el partido y convertirse en una especie de nuevos dueños. Carlos Peña dijo que no iba a pelear la dirigencia, pues para eso “hay tiempos”.

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