Cuidemos el agua… ¡Y el dinero!

Para los que hemos vivido la hotelería desde niños sabemos la evolución de los clientes los cuales, en ocasiones, por el simple hecho de pagar un servicio consideran que pueden hacer cualquier cosa en su habitación y no usar sino abusar a manos llenas de los servicios que ésta ofrece. Nunca falta el cliente que … Leer más


Raúl Muñoz del Cojo.

Para los que hemos vivido la hotelería desde niños sabemos la evolución de los clientes los cuales, en ocasiones, por el simple hecho de pagar un servicio consideran que pueden hacer cualquier cosa en su habitación y no usar sino abusar a manos llenas de los servicios que ésta ofrece.

Nunca falta el cliente que piensa que la tarifa por noche incluye los blancos de la habitación, las almohadas, cobijas así como lo que esté a su alcance y se pueda llevar. Por otro lado tampoco es imposible toparse al cliente que lustra sus zapatos con las toallas o hace mecánica a su vehículo con las mismas. Se encontrará también al que ve la forma de quitar un cuadro para llevárselo o se las ingenia para descolgar la pantalla que está para su uso. Se han topado hoteles de clase mundial con la desaparición de pianos de las suites de los mismos.

Pero en estas épocas donde nos rige una corrección política muy marcada y los recursos cada vez están más escasos, sigue habiendo gente que al abandonar su habitación deja las llaves del agua abiertas para que “desquite” lo que pagaron. Es increíble el razonar de estos individuos ya que en lugares como Fresnillo, la población en general tenemos problemas con el abasto del vital líquido, el cual no es ajeno de muchos estados de la república.

Actualmente hay entidades en nuestro país que tienen una crisis de falta de agua muy marcada, Nuevo León parece que encabeza la lista. Es importante ante estas circunstancias analizar las medidas que toma la hotelería para economizar este recurso.

En entrevista para un diario del vecino estado del norte, Don Jesús Nader presidente de la Asociación Mexicana de Hoteles de Nuevo León (AMHNL) comentó las acciones que llevaban a cabo para sacar adelante a la hotelería de aquel estado ya que no sólo la falta de agua es un problema, también el costo de la misma ya que las tarifas han aumentado hasta un 60% haciendo comparación con el principio de año.

Dicha situación requiere en la hotelería cambios logísticos drásticos para poder seguir brindando el servicio al 100% con calidad a los clientes, además que se debe de hacer conciencia en los mismos para el ahorro del preciado líquido.

Independiente a la inversión que implica la compra de tinacos o cisternas para poder almacenar más agua, los hoteleros de Nuevo León han tenido que implementar medidas que van desde el cambio de productos y procesos del lavado de blancos para usar menos agua así como productos más amigables con el medio ambiente; también se ha comenzado con  la colocación de nuevos sanitarios y regaderas que ayuden con el ahorro del agua. Si bien estos accesorios son casi obligatorios para la operación ideal de un hotel, las propiedades más antiguas han venido cambiándolos al alcance de sus posibilidades -comentó-.

En las albercas por ejemplo la aplicación de químicos de última generación facilitan la limpieza, misma que hace que el ahorro sea inminente. Con los clientes se hace conciencia haciéndoles saber todo lo que se hace para no privarlos de este servicio como a la gran parte de la población de la capital.

Mi reconocimiento a la hotelería de Neoleonesa ya que a pesar de que seguimos con los rezagos de la situación de la pandemia, siguen de pie y viendo cómo dar la cara para seguir brindando un servicio de excelencia. Espero esto nos sirva a todos para hacer conciencia de lo importante que es no desperdiciar ningún recurso.

Cambiando de tema, pero sí mencionando el despilfarro a manos llenas, quiero comentarle lo que nos ha costado (porque sale de lo que pagamos de impuestos) a la fecha el capricho presidencial del Aeropuerto Felipe Ángeles.

Según datos publicados por El Financiero, entre el 21 de marzo y el 21 de abril el aeródromo tuvo pérdidas por casi 23 millones de pesos y sus ingresos sólo fueron de 308 mil 331 pesos. Es increíble pensar que el costo de operación del aeropuerto es 75 veces mayor a lo que genera de ingresos.

Como lo había comentado en columnas anteriores y con el casi nulo tráfico de vuelos, la operación del “caprichito” presidencial cuesta a las finanzas públicas casi 750 mil pesos diarios mientras siga brindando sus servicios. Desde que se inauguró no ha aumentado el flujo de viajeros por estas instalaciones y adicional a esto el comercio tampoco se ve favorecido ya que de los 193 locales que existen, 108 siguen sin rentarse.

Es nuestra obligación como ciudadanos revisar de qué manera se gastan nuestros recursos y como con el agua, exigir que no se desperdicien. El AIFA costó 75 mil millones de pesos, no está concluido aún y no se le suma lo que costó la cancelación del NAICM. Independiente al presupuesto que maneja actualmente, con esas pérdidas será muy difícil su manutención.

Con ese número de operaciones actuales las pérdidas continuarán, además del reto para las finanzas públicas de los subsidios que se otorgarán para incentivar el uso del mismo. Claro está que como todo en esta administración federal no creo se cuente con un plan maestro que ayude al nuevo aeropuerto a salir de esta crisis.

Así de caro nos salen los manotazos en la mesa. Ojalá entendamos el costo de los caprichos y aprendamos rápidamente que como el agua, dinero que se desperdicia es muy complicado hacer que regrese. Hasta la próxima.