

Opinión José Antonio Rincón
Si nos preocupa tanto la inseguridad, entonces involucrémonos todos.
Los problemas no tienen solución, sino cuando todos los interesados en los mismos suman voluntades que se cristalicen en pactos generadores de paz y tranquilidad.
La inseguridad que nos asedia no es sólo del interés de las personas que han sido víctimas de la misma o de sus seres queridos o allegados, es de toda la sociedad y no debemos esperar a ser tocados de forma directa por aquella para hacer algo que nos devuelva la paz y tranquilidad que perdimos hace relativamente poco tiempo; no nos quedemos presas del miedo.
Para cumplir esa tarea resulta indispensable ser honestos con nosotros mismos, alejándonos de la fácil práctica del reparto de culpas, sobre todo del pasado, por parte de los políticos, lo que puede ser hasta deshonesto, porque con ello se pretende evadir la responsabilidad del presente.
Es indudable que las medidas tomadas por la actual administración federal, no han detenido ni mermado la grave inseguridad que nos tiene cautivos, porque los hechos desmienten las declaraciones que a veces se hacen de supuestos logros, sin dejar de lado que la responsabilidad del estado mexicano abarca a todas las esferas del poder público.
Los acuerdos, pactos u otros instrumentos que se han celebrado, casi todos de índole política y económica, no pocas veces sus resultados han sido magros, lo que ha dado pie a la desconfianza en ese tipo de prácticas o a ver a las mismas como instrumento gastado y de escasa utilidad, o lo que es peor sólo con la intención de generar un impacto mediático que no corresponde a la solución.
Los señalamientos anteriores no deben ser dique que impida la realización de un esfuerzo de la sociedad para lograr un acuerdo que involucre a todos los sectores, con los candados suficientes para que no sea atrapado por los colores de los partidos políticos, sin dejar de lado que todas las autoridades son o deben ser parte fundamental del convenio, sobre todo porque constitucionalmente tienen el monopolio de la fuerza coercitiva del estado.
Si nos preocupa tanto la inseguridad, entonces involucrémonos gobierno, Iglesias, empresarios, trabajadores, universidades, jóvenes, en suma todos los sectores que componen el cuerpo social para convocar al diseño de un acuerdo por la paz y tranquilidad de nuestro estado, con propósitos claros y específicos y desde luego con responsables del seguimiento de todo ello.
No nos quedemos ajenos al dolor de nuestros hermanos ni engrosemos el desfile de los que sólo echan culpas, peguntémonos qué hemos hecho y sobre todo qué debemos hacer.