Tiempos de esperanza

Ya pasaron dos años que justo empezó la pandemia y nunca nos íbamos a imaginar que íbamos a vivir escenas de películas de ciencia ficción , y que en nuestro mundo tan civilizado iba a llegar una pandemia. Creíamos que no nos iba a tocar, que nunca iba a pasar, que el hombre tan inteligente … Leer más


Ya pasaron dos años que justo empezó la pandemia y nunca nos íbamos a imaginar que íbamos a vivir escenas de películas de ciencia ficción , y que en nuestro mundo tan civilizado iba a llegar una pandemia. Creíamos que no nos iba a tocar, que nunca iba a pasar, que el hombre tan inteligente y tan adelantado en la ciencia, en la medicina lo iba a poder controlar.
No hace falta decir toda la tristeza y el desánimo que la mayoría de las personas de todas las edades hemos pasado y seguimos teniendo; muertes de nuestros seres queridos, pérdidas de empleos, perdidas de clases presenciales, perdidas de contacto físico con familiares lejanos y grupos de amigos, en fin la lista es interminable.
La vida como la conocíamos no ha podido volver, cosas simples como ir a un café con amigas , como tener la cara descubierta en lugares cerrados y más complicadas como que en un instante si querías le apretabas a un botón y comprabas un boleto de avión para ir al otro lado del mundo no han regresado.
Como en todas las situaciones en esta también hay dos formas de afrontarla y vivirla, de manera optimista o de manera pesimista.
Para muchos lo que está pasando es un callejón sin salida, es la desesperación y la consecuencia de no creer en nada que los motiva; pero para muchos otros existe algo que nos hace creer que todo va a mejorar; es tener la esperanza que motiva y que va de la mano de una fe que cree en el Dios verdadero que cumple sus promesas a los que siguen con amor sus reglas y sus mandamientos.
En mi propia experiencia les puedo decir que conviene mil veces vivir de manera optimista y esperanzados, porque el ser humano necesita esperar para poder amar, necesita esperar para poder creer; tristemente los desesperados ya no aman ni creen en nada.
Hay que reflexionar y hacernos estas preguntas que nos van a ayudar a ser más optimistas:
¿Cómo mantenerse a flote en la vida si no se espera en una eternidad en donde no habrá ni dolor, ni hambre ni enfermedad sino pura felicidad?
¿Cómo se podrá perseverar en el amor, en la justicia, en la honradez, en la alegría, en hacer felices a los demás si no nos anima la esperanza de qué Dios vea todas nuestras buenas acciones y nos premiará por ellas?
¿Cómo se puede creer que se llegará a Dios después de esta vida si no se espera en su benevolencia, en su magnanimidad, en su bondad?
La esperanza vivida así de la mano de la fe nos inspira, nos impulsa a seguir, a levantarnos después de cada caída , nos repone las energías después de las tropezones ; nos sirve para no caer en el desaliento para no perder la serenidad ni perder de vista aquello que se anhela.