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Tiempo de definiciones

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Sigifredo Noriega Barceló.

Hay días especiales que marcan la historia de personas, familias y pueblos. El Domingo pasado decidimos y elegimos no sólo a quienes nos gobernarán en los próximos tres/seis años; también definimos, de alguna manera, el futuro que soñamos y queremos para esta y la siguiente generación. Todas las elecciones tienen su trascendencia; en esta va de por medio la esencia de la democracia.

La vida no se nos da con un instructivo para cada día y sus circunstancias. En el transcurrir somos invitados a buscar, discernir, elegir, decidir el futuro anhelado; el abanico de posibilidades es inabarcable. No es fácil poner la raya que separa a los que aciertan de los que no. ¿Quién se anima a predicar dónde está lo correcto? ¿Dónde empieza la locura y termina lo políticamente aceptable como bueno?

En el corazón humano anidan visiones, deseos y posibilidades que hacen caminar la vida. Sin ello no hay procesos de crecimiento, ni se pueden ponderar logros y fracasos. Cada cierto tiempo necesitamos volver a calibrarlos, purificarlos, reorientarlos. El momento que vivimos está permeado por la lucha entre deseos y miedos, búsquedas e incertidumbres, empoderamientos y pérdidas, avances y retrocesos. Vivimos en un mundo tan complejo que corremos el riesgo de ‘volvernos locos’.

La Palabra que escuchamos y celebramos este domingo habla de la necesidad de ubicarnos y definirnos ante Dios y ante la vida. “¿Dónde estás?” es una pregunta dirigida a Adán y Eva en los albores de la historia humana. Marcos cierra el texto proclamado hoy con una pregunta implícita hecha por la madre y los hermanos de Jesús: “¿Dónde estás…?”

Jesús desconcierta a todos con su respuesta. Unos critican, otros se despistan, otros se involucran. El evangelista recoge tres reacciones diferentes: la familia quiere protegerlo pero no lo comprende; los especialistas en la ley lo satanizan y rechazan; sus seguidores no entienden gran cosa pero lo buscan y están atentos a su mensaje de vida. Diversas ubicaciones, diferentes visiones, variados comportamientos… Jesús siempre provoca y exige la definición de sus discípulos.

¿Quiénes son los que logran ubicarse? Quienes se abren a la novedad del Espíritu y a la búsqueda de la voluntad de Dios; Ellos no tienen miedo en romper las ataduras de ‘lo normal’, lo culturalmente aceptable, lo políticamente correcto. Creer, aceptar y seguir a Jesús comporta aprender a vivir con buenas dosis de locura y decidirse, en muchas ocasiones, a nadar contracorriente. Definitivamente Jesús no cabe en moldes hechos a la medida del momento. “El que cumple la voluntad de Dios, ése es mi hermano, mi hermana y mi madre” es una invitación/provocación para ir más allá de las coyunturas de esta vida.

El verdadero discípulo de Jesús es aquel que lleva a plenitud y cumple con generosidad la voluntad de Dios. Este día pasa por discernir bien el voto, salir de casa, ir a la casilla correspondiente y depositarlo en su lugar. Votar es un derecho, una buena oportunidad y una gran responsabilidad para indicar el tipo de nación y de sociedad que anhelamos construir. La colaboración debe ser permanente.

Con mi afecto y bendición.

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