

Opinión José Antonio Rincón
Desde hace tiempo hay mexicanas preparadas para gobernar nuestro país.
La declaración que en 1908 hizo Porfirio Díaz en la célebre entrevista Diaz-Creelman, de que México ya estaba preparado para la democracia y que veía con agrado un partido opositor, fue de dientes para afuera, pero de consecuencias que no imaginaba; una de ellas, que se la creyeran sus opositores, tanto es así que don Francisco I. Madero se apresuró a escribir La sucesión presidencial de 1910 para participar en los comicios, lo que le valió la cárcel por un rato, porque después fue el primer presidente legítimamente electo del siglo pasado en las elecciones más libres y democráticas que ha tenido el país.
Desde entonces los políticos que conocen la historia se cuidan de preguntas o respuestas comprometedoras cuando de la sucesión se trata.
En este tiempo sería chocante preguntar si México está preparado para ser gobernado por una mujer; lo que vale es afirmar que desde hace tiempo hay mexicanas preparadas para gobernar nuestro país, pero han sido avasalladas injustamente por los hombres.
Grandes mujeres hay, afortunadamente sin ideología de género, sino convencidas de que la lucha por la igualdad nos incluye a todos, sin permitir ser pisoteadas ni pisotear.
En el 2012 fue postulada como candidata a la presidencia por el PAN una mujer preparada y valiente, que al parecer los altos mandos de su partido la dejaron sola. Es decir, avalaron la postulación y como Porfirio Díaz, el apoyo fue de dientes para afuera.
En este mes patrio tenemos grandes y buenas nuevas, porque por fin y primera vez los partidos con posibilidades de triunfo, se han decantado porque sean mujeres las candidatas a la presidencia: Xóchitl Gálvez y Claudia Sheinbaum.
De ningún modo puede ser ese hecho ocasión para reconocer a los hombres, es para celebrar que se reconozcan por fin los derechos de igualdad en la participación política de las mujeres, que es la ruta para alcanzar la equidad, el verdadero y profundo objetivo.
Con esas candidaturas todo nos indica que tendremos presidenta, en lo que ya algunos países latinoamericanos nos llevan la delantera, como Brasil, Argentina, Nicaragua, entre otros.
No es que sea tiempo de las mujeres, siempre lo ha sido, lo que por fin ha llegado es la hora de saldar deudas con la igualdad y que se transite de la excepción a la regla en la participación política.
En la batalla que inicia por conseguir el voto ciudadano, esperamos que las candidatas debatan con altura, que construyan propuestas para sacar adelante a nuestro país, alejándose de los patriarcados que rondan seguramente por allí, conscientes de que su candidatura no se la deben a los hombres, ni siquiera al rico del frente amplio ni al presidente de la República, líder de morena.
Las dos tienen casta, carácter y decisión para ser jefa del estado mexicano y ya es hora de que lo vayan demostrando, para elegir a la mejor; que no repliquen en campaña las ofensas, los insultos y las calumnias de los hombres, esos varones que se creen líderes insustituibles.
La revelación del sexo de la jefatura del estado, ya lo sabemos: será niña; no más candidaturas femeninas testimoniales, lo que a mí me da un gusto enorme.
Y mientras tanto, Marcelo Ebrard en su laberinto; si todo mundo sabía desde tiempo ha que sería Claudia, para que se enoja.