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Reflexiones de muerte

Reflexiones de muerte

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   |  1 noviembre, 2019

José Napoleón García

José Napoleón García

Esta semana hice una visita poco convencional, fui a ver a mi madre, así que me dirigí al panteón. Los alrededores estaban semidesiertos, pocos autos transitaban por ahí, como nunca antes, para no sentirme tan aislado,  deseaba que cuando menos pasara alguna patrulla, algún camión o taxi, pero al recapacitar sobre ello, sonreí y me dije,  los muertos no necesitan ni de guardias policíacos, ni de taxis.

Había grandes criptas, quizá del tamaño de la soberbia de aquellos que aún le sobreviven. Existían otras tumbas más pequeñas que también ostentaban un adiós de artesanía lujosa y después de caminar unos cuantos metros, hubo algo que me llamo mucho la atención, era una calavera que conservaba solo algunos hueso y se escondía tras una tumba desquebrajada con un santo roto, la calavera lucía una sonrisa muy grata como si se encontrara feliz de haber muerto, fue entonces que me surgió la duda del porqué me sonreía con tanta alegría aquella calavera.

¿Sería acaso que ella estaría más cómoda porque ya no tenía que preocuparse por cosas tan banales? Aquellas por las que uno solo se preocupa cuando está vivo. Para ella ya no era importante ver si le habían comentado en el Facebook o si se veía mejor con copete o fleco, a ella ni siquiera le importaba si yo usaba un carro del año, ella me sonrió sin mayor preámbulo y con la mirada me dijo que se encontraba más tranquila y sonriente de lo que yo pudiera estar, aunque yo estuviera vivo.

La muerte da igualdad a todos los seres, nadie es más ni menos ante ella.

¿Dónde quedaron sus bienes o sus pobrezas?

¿Dónde están sus sueños, sus logros materiales, sus familias, sus placeres?

¿Dónde está su condición de rey de la creación?

Morir es tan sencillo como aceptable es el nacer, porque solamente los hombres débiles le temen a la muerte, el desgraciado la llama, el valentón la desafía, y el hombre sensato siempre tranquilo la espera.

El que ha gozado debe retirarse de la vida como huésped satisfecho, el que ha sufrido debe recibir gustoso a la que viene a cortar el hilo de sus desventuras, porque sabemos lo indispensable que es morir, y no debe preocuparnos la hora de morir, tomando en cuenta que solo heredaremos nuestro ejemplo,  y que para nosotros los mortales, nada de este mundo llevaremos, porque nada material existe, más allá del sepulcro.

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