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Primero la honestidad, luego el programa

Primero la honestidad, luego el programa

J. Luis Medina Lizalde

   |  22 marzo, 2021

José Luis Medina Lizalde

José Luis Medina Lizalde.

Si la reorientación del estado no aterriza en los municipios del país podremos hablar de la “Cuarta Transformación” como la transformación interrumpida, parodiando el título del texto clásico de la Revolución Mexicana de Adolfo Gilly; el artículo 115 de la Constitución vigente hace de los ayuntamientos los más próximos y determinantes de la vida cotidiana de los habitantes, los cambios urgentes, requieren de líderes con buenos administradores, líderes capaces de enfrentar a los beneficiarios del caos con un gran respaldo social, administradores que subordinen la función administrativa al interés general, optimizando, vigilando, previniendo, corrigiendo, por eso es una tragedia el desprecio por la legitimación de las candidaturas, lo que nos anticipa una generación más de gobernantes municipales administradores de la desastrosa realidad alejados de la urgencia de cambios de la misma.

Los gobiernos municipales están crecientemente incapacitados para cumplir sus funciones, los 58 ayuntamientos del estado de Zacatecas, desde hace décadas, acumulan las tres que los paralizan, el conformismo se anida fácil en políticos que se saben transitorios en el cargo y hasta en la actividad política, para muchos integrantes de los cabildos, incluyendo presidentes municipales, la motivación que a muchos los lleva a participar tiene más que ver con las remuneraciones u “otras entradas” que la de una visión sustentada en la vocación de servicio, se entiende que así sea en una sociedad que fracasa en la generación de empleos en el ámbito productivo.

Son múltiples los rostros de la crisis: es común saber que presidentes de municipios alejados de la parte central del estado residan en la zona metropolitana, su desarraigo es irreversible, su vida y la de sus hijos es ajena a la buena o mala calidad de los servicios públicos municipales que su gobierno brinda, su conexión es con Guadalupe o Zacatecas.

Un número importante de gobiernos tiene más empleados y menos gobernados que los que tenían hace 30 años, siendo tales ayuntamientos vitales fuentes de trabajo en su demarcación y en algunos casos extremos, casi única derrama salarial.

Cautivos de malas prácticas

Los cabildos han sufrido una mutación que los desnaturaliza, en la medida que crecen los negocios que requieren del órgano colegiado en el que se deposita la suprema autoridad más rentable es controlar regidores, quien lo logra es un eficaz traficante de influencias para obtener concesiones, cambios de uso del suelo, licencias, condonaciones, compras a sobreprecio, contratos de obra pública, etcétera.

El esquema de integración de cabildos en Zacatecas anula el vínculo entre representados y representantes al omitir reglas contra la interferencia de políticos y hombres de negocios ajenos al ayuntamiento en su quehacer institucional, de ese modo sobreviven titulares de la administración útiles a intereses malsanos, como se ha evidenciado a lo largo de décadas.

Las redes de corrupción extendidas en los gobiernos municipales tienen impulso en el esquema electoral, fraccionadores importantes son expertos en conseguir “buena voluntad” para sus intereses, meten dinero a las campañas sabiendo que es una inversión redituable.

En la década de los noventa del siglo pasado se creyó con ingenuidad que asignar al partido de la primera minoría el contralor municipal serviría de muro de contención de la corrupción, pero la buena intención se vino abajo debido a que el voto de calidad para elegir al más a modo de la terna, es el que estará sometido al escrutinio.

La corrupción electoral se manifiesta de dos principales maneras: el crecimiento irracional de la planta empleada con su consiguiente caudal de despidos injustificados para abrir huecos a los compromisos y la conversión de las administraciones municipales en estructuras electorales informales. Zacatecas requiere de liderazgos políticos con autoridad moral y mentalidad de cambio para poner en condiciones a los ayuntamientos de atender las obligaciones enlistadas en el artículo 115 Constitucional, la austeridad y la honestidad, indispensables, no suficientes. El despilfarro en campañas de culto a la personalidad debe cesar, los mecanismos de prevención y castigo de malos manejos deben renovarse.

Con corrupción ningún programa sirve

El municipio debe generar desarrollo (no solo crecimiento económico) de manera tal que los empleos generados en los ámbitos de producción y servicios alivie la presión sobre los empleos públicos, lo que hará posible gradualizar la racionalización de las plantas laborales de los ayuntamientos, pues sería un error costoso hacerlo sin medir consecuencias, con medidas mal pensadas y peor ejecutadas (como las que acaban con el comercio en el Centro Histórico de Zacatecas).

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