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Pertenecer

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Juan Carlos Ramos León.

Nos sentimos dueños de muchas cosas. Propietarios de ellas. Y entonces decimos “esto o aquello me pertenece”. Y esto crea a la mayoría una sensación de seguridad que de a poco se va convirtiendo en una especie de poderío. Luego ocurre que, en muchos casos, el sentirse dueño de las cosas se extiende a sentirse dueño de algunas personas, generalmente la pareja o ilos hijos.

Y así hay quien llega a pensar que su pareja “le pertenece” y así se los manifiesta a otros; y lo mismo sucede con los hijos, aunque aquel que se siente como si fueran suyos no necesariamente exprese un “me pertenecen” como tal.

Pero el término “pertenecer” no puede quedarse en lo simple -y yo diría hasta pobre- del puro concepto de ser dueño de algo. Cuando le damos la vuelta a su sentido y pasamos del “me pertenece” al “yo pertenezco a” su alcance se vuelve muchísimo más amplio.

Se pertenece a algo (nunca a alguien), bien por azares del destino o bien por deseo propio. Por ejemplo, pertenecemos a la comunidad en que vivimos porque aquí nacimos o porque el trabajo (propio o de nuestros padres) nos colocaron aquí; nuestros hijos pertenecen a determinada institución educativa porque sus padres ahí los inscribimos; pero también pertenecemos a un credo religioso, un instituto político o hasta un equipo de fútbol porque nosotros así lo quisimos y entonces hicimos una elección. Muchas veces elección superficial, otras profundamente comprometida, de ahí nace el término “sentido de pertenencia”.

Sentido de pertenencia quiere decir qué tanto me identifico yo con ese entorno del que -voluntaria o involuntariamente- formo parte; qué tanto me integro con él, con su ideario, su filosofía, sus pretensiones y objetivos y qué tanto compromiso estoy dispuesto a aceptar con él, defendiéndolo ante sus detractores o promoviéndolo entre quienes me rodean, enriqueciéndome de sus enseñanzas y enriqueciéndolo con mis propias aportaciones, haciéndolo grande y fuerte y haciéndome grande y fuerte con él.

Todo radica en el sentido con que se mira la pertenencia: afirmar que las cosas nos pertenecen nos limita; saber que pertenecemos a algo grande nos da posibilidades infinitas.

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