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Después de un día muy difícil de cacería, una tribu de la prehistoria se coloca alrededor de una fogata, comparten la carne de un animal que ya fue despojado de su piel para aprovecharla como escudo durante el frío; después de que todos han comido suficiente, satisfechos se van a dormir y cuando el fuego se ha extinguido, una manada de lobos se acerca y se alimenta de los desechos de carne que aquella tribu no consumió.

Así transcurren días, semanas, meses, en que ese mismo grupo de lobos sigue a la misma tribu, los conocen, los huelen, saben a qué hora van a colectar comida o a cazar, y lo más importante saben cuando se van a dormir porque en ese momento pueden acercarse y alimentarse de sus desechos de comida. Después de un tiempo ocurre un evento circunstancial que marcaría la evolución de dos especies (la humana y la de los lobos), el grupo de lobos se acomoda alrededor del fuego y también se duermen junto con los demás elementos de la tribu.

El relato anterior forma parte de una teoría y aunque la temporalidad es incierta, existe evidencia genética que muestra que hace 30 mil años los perros evolucionaron a partir de los lobos a consecuencia de una cercanía paulatina y accidental con los humanos de la prehistoria, en un principio los alimentaron con aquello que no consumían y después los aceptaron de compañía.

Hoy en día es un debate científico conocer el momento y las condiciones en que los lobos se acercaron al Homo Sapiens y la manera en que poco a poco evolucionaron para domesticarse. Cómo y cuándo los lobos abandonaron sus instintos depredadores y se adaptaron para convivir con los humanos, es un misterio.

Es demasiado conocida la frase de que «el perro es el mejor amigo del hombre»; pero esto no siempre ocurrió así. En algún tiempo de la Prehistoria, y durante miles de años, humanos y lobos salvajes establecieron un vínculo evolutivo. Este es un ejemplo de la evolución compartida de dos especies diferentes. La evolución de los lobos hasta convertirse en perros domesticados, acompañó desde hace miles de años nuestra propia evolución, para convertirse en la especie compañera de nuestra propia evolución durante miles de años.

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