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07 de diciembre

07 de diciembre

Maquiavelo para este siglo 21

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Simitrio Quezada.

“Todos pueden ver, pero pocos comprenden lo que ven”, escribió en su obra “El Príncipe” el pragmático Nicolás Maquiavelo. Con esta declaración completó su hipótesis de que los humanos solemos juzgar más por los ojos que por la inteligencia: más por lo que vemos que por lo que debemos comprender.

Desde este siglo 21, cómo contradecir a Maquiavelo. Cómo refutar sus argumentos desde el trampolín de este inicio de época tan tecnologizada y enajenante, donde el mismo empresario de las más grandes redes sociales (Facebook, WhatsApp, Messenger, Instagram, Oculus, Workplace, Portal y Calibra) busca ponernos unos lentes para llevarnos a una “Meta”rrealidad.

En efecto, desbancamos al cerebro por preferir las pantallas, lo visual. Renunciamos a pensar porque es más cómodo creer en lo que nos dicen otros que piensan.

Descartamos proyectos que requieren paciencia por el placer de lo inmediato, aunque fugaz.

Ha sido fácil dejarnos manipular en sentimientos; nosotros, que llegamos a un nivel evolutivo sin precedentes. De qué nos sirve razonar cuando no queremos hacerlo por considerarlo un esfuerzo.

No es la realidad, la verdad, lo que hoy importa. No son los datos contenidos en los discursos, sino las emociones despertadas por esos discursos. Convertidos todos en masa, son esgrimidos frente a nosotros conceptos bastante generales y abstractos. “Pueblo”, “democracia”, “justicia social”, “bien común”, “ciudadanización”… son acepciones no explicadas cabalmente, sí manidas a conveniencia.

En definitiva, lo preponderante es lo que se muestra, aunque la validación que tenga sea la de una o muchas granjas de bots. Lo que importa es aquello de lo que más se habla, lo mal llamado viral, y más si eso es mostrado impulsiva, emocionalmente.

Lo peor es que también parece instalarse otra apreciación maquiavélica: “El único medio seguro para dominar una comunidad acostumbrada a vivir libre es destruirla”. Destruir instituciones, vida comunitaria, dinámicas cotidianas, tradiciones, programas y oponentes en nombre de una supuesta justicia e igualdad.

Puede verse en este inicio de centuria que implantar miedo, odios y división es buen recurso para quienes precisan fanatismos, ésos que generen buenos dividendos tanto publicitarios como electorales.

Maquiavelo vuelve a ser lectura necesaria porque quienes sí lo leen pueden dominar artera, mañosamente, a quienes no.

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