|  

Edición
Impresa

16 de enero

16 de enero

Madre de la esperanza

Share on facebook
Share on twitter
Share on whatsapp
Share on email
Sigifredo Noriega Barceló.

El Domingo pasado un Domingo muy especial la Iglesia en México celebro a nuestra Señora de Guadalupe, patrona queridísima de mexicanos, latinoamericanos, creyentes y no creyentes; y la Iglesia universal celebra el tercer domingo de Adviento. Elegir y armonizar las celebraciones es un difícil y bello reto para los equipos litúrgicos de las parroquias. Días antes, nuestra gente ha expresado de muchas formas su devoción a santa María de Guadalupe en caminos y cerros, fábricas y ermitas, calles y hogares, templos y -sobre todo- en los corazones. Para nosotros ‘ser cristiano guadalupano es algo esencial’ cantamos en el himno más conocido y cantado estos días. Pero también es domingo de Adviento.

El tercer domingo de Adviento, anuncia ya la alegría cercana por el nacimiento de Jesús en Belén y -esperamos- su renacimiento en el corazón de los cristianos y gente de buena voluntad. El Evangelio que escuchamos es propio de la fiesta y podemos releerlo en clave del advenimiento de Jesús, nuestro Salvador y Redentor. La fiesta guadalupana en pleno Adviento da un color particularmente amable y sugerente a nuestra espera de la Navidad y a nuestra fe en el hijo de María.

Cuatro lecciones -entre otras- a tomar en cuenta para crecer en la fe-esperanza:

– La presencia amorosa de Santa María de Guadalupe entre nosotros es una gran bendición que alimenta nuestra fe-esperanza. Ella, al aceptar ser la madre del Salvador, va al encuentro de Isabel, mujer necesitada de sus servicios. Nuestra devoción a ella en este tiempo de Adviento podría expresarse en un servicio incondicional a la gente más necesitada.

– María nos enseña en su cántico que hay realidades que hay que cambiar desde la raíz para que el mundo sea más humano, justo, solidario, habitable… según el proyecto de Dios, siempre benéfico para todos… Honremos a María con el compromiso en la verdadera (no mentirosa) transformación de conciencias y realidades.

– María pide una casita habitable -más que un templo- donde todos podamos con-vivir como familia, como hermanos.  Hoy más que nunca necesitamos construir esa casa. Son muchas las violencias que nos impiden vivir en paz y sanos de cuerpo y alma.

– Profundizar en la fe-esperanza, buscar el auténtico progreso, portarnos como verdaderos hijos de la Virgen, amarnos todos como hermanos -como expresamos en la oración colecta de la fiesta-. Un verdadero programa de vida cristiana para tiempos críticos.

Oremos con confianza:

Santísima Virgen de Guadalupe, Madre del verdadero Dios por quien se vive, como Juan Diego, nos sentimos vulnerables, frágiles, impotentes ante la violencia asesina, las secuelas de la pandemia y el sufrimiento de tantas víctimas.
Te pedimos intercedas por nosotros ciudadanos y nuestras autoridades… Acudimos a tu inmaculado corazón e imploramos tu intercesión… Alcánzanos de tu Hijo la salud y la esperanza, la paz y la reconciliación. Que nuestros miedos se transformen en alegría… Que en medio de las tormentas que vivimos por las inseguridades, tu Hijo Jesús sea nuestra fortaleza y nuestra paz… Amén.

Don`t copy text!