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26 de octubre

26 de octubre

Los valores del Reino

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Sigifredo Noriega Barceló.

La celebración de las fiestas patrias va perdiendo intensidad a medida que avanza el mes, aunque todavía quedan en las calles detalles que nos recuerdan a los héroes de ayer.

Por otra parte, candidatos a héroes en el presente, se asoman por las ventanas de los edificios municipales y estatales ofreciendo proyectos que, quizás en tres y/o seis años, darán un rostro mejor al futuro del país.

El inicio de la independencia no significa el final de la misma. Llevamos 211 años desde entonces y seguimos buscando las condiciones adecuadas para tener las libertades que garanticen una convivencia justa, pacífica, solidaria, fraternal.

Valorar los ideales que sacaron a nuestros héroes de sus comodidades es obra de ciudadanos que aman sus raíces, trabajan por un presente generoso y sueñan con un futuro pródigo.

Celebramos en estos días 200 años de la consumación de la Independencia. Si el inicio contenía una gran dosis de esperanza, su consumación es aún incierta.

Nadie puede garantizar la victoria de la libertad, mucho menos cuando ésta se separa de la verdad, del amor y de la responsabilidad, como estamos viendo en la resolución de la Suprema Corte de Justicia sobre el aborto. Cada generación tiene que recorrer el camino fatigoso de la consumación de la independencia; ahora nos toca a nosotros.

El Evangelio del domingo pasado recoge una serie de valiosas instrucciones que Jesús da a los suyos para iniciar y consumar la construcción de una comunidad alternativa.

Unas son respuesta a preguntas planteadas; otras, correcciones a una práctica equivocada; en otras, toma la iniciativa y hace aclaraciones no pedidas. Con este material Marcos elabora una catequesis donde habla con claridad de los valores del Reino desde donde ha de construirse la nueva comunidad.

La jerarquía de valores que Jesús propone choca con los deseos y miedos de sus discípulos. Éstos están preocupados por saber quién de ellos ocupará el primer lugar y ‘mandará’ en la nueva comunidad.

En cambio, la lógica de Jesús, plasmada en el anuncio y realización del Reino de Dios, propone otros valores que rompen con todo lo que encierra al ser humano en sus ambiciones, codicias, rivalidades y más.

La acogida y el servicio a los pequeños, los pobres y los que no tienen, es la norma de comportamiento que inculca Jesús a los suyos. Es la única manera evangélica de edificar la comunidad del Reino.

“Los pacíficos siembran la paz y cosechan frutos de justicia” enseña Santiago a los cristianos de la primera generación.

¡Qué manera de traducir y proponer los valores del Reino! Ahora somos nosotros los obreros de la libertad, la paz y la justicia en este siglo. Jesús nos envía a servir inspirados en los valores del Reino.

Al igual que los héroes del pasado somos personas con sueños y aspiraciones, limitaciones y defectos. El reto para el discípulo, modelo siglo veintiuno, es hacer visible el dinamismo del Reino de Dios en un mundo con modernas esclavitudes, ambiciones y otras trampas mentirosas.

Obispo de/en Zacatecas

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