Los hijos sienten el rechazo

Si tu eres una madre o un padre que no se lleva bien con uno  de tus hijos, que la relación es enfermiza, que enfrente de él hace estos comentarios: no lo aguanto, no lo soporto, etc, te puedo asegurar que tu hijo esta rebelde, grosero, insoportable. Lo que necesita tu hijo es amor, amor demostrado. … Leer más


Si tu eres una madre o un padre que no se lleva bien con uno  de tus hijos, que la relación es enfermiza, que enfrente de él hace estos comentarios: no lo aguanto, no lo soporto, etc, te puedo asegurar que tu hijo esta rebelde, grosero, insoportable. Lo que necesita tu hijo es amor, amor demostrado. Tú no eres mala persona ni mal padre, siempre has luchado para ser feliz y hacer felices a los demás, lo que sucede  es que no has tomado el toro por los cuernos,  por pereza, conformismo o indecisión y cuándo volteas a ver tristemente esta relación está muy deteriorada.
Hay que reflexionar y ver qué tanto le estamos demostrando a nuestro hijo ese  rechazo, reflexionar cuántas veces lo agredimos al día tanto físicamente eso es con golpes o con empujones con pellizcos, o verbalmente diciéndole que es un perdedor, comparándolo con otras personas, hablándole solamente con malas palabras; también reflexionar y ver si somos indiferentes, si  no nos interesamos en su vida.
Hay que ser conscientes de que nuestros hijos no nos pidieron venir al mundo y no se merecen nuestros malos tratos o nuestra indiferencia,  cuando ellos ya notan que hay amor y no rechazo van cambiando, no necesitamos nosotros ir al psicólogo o mandarlos a ellos para cambiar, lo que necesitamos es una decisión de amor, de empezar con pequeños detalles. Se ha comprobado que cuando tú te decides a cambiar, la relación cambia. Tu hijo al principio te va a  rechazar, pero poco a poco después de un tiempo de darle demostraciones de amor, de abrazos, besos, cocinar lo que le gusta, palabras de aprobación,  tu hijo va a cambiar. Como siempre les digo de nosotros depende, de nuestra actitud , de nuestra fortaleza que viene de la unión con Dios, que nuestra vida sea un cielo o un infierno.