

Opinión José Antonio Rincón
Desde 1960 los libros de texto gratuitos se han distribuido y han pasado por reformas.
En el año de 1960, siendo presidente de México Adolfo López Mateos y secretario de educación Pública el poeta y cronista Jaime Torres Bodet, salieron los primeros libros de texto para la educación primaria, lo que vino a ser una política educativa innovadora, creativa y muy aplaudida por la comunidad Internacional, porque independientemente del contenido, la característica de gratuidad le imprimía un serio esfuerzo por alcanzar que la educación fuera para todos y así cumplir el desiderátum constitucional plasmado en al artículo 3º.
Desde entonces los libros de texto gratuitos se han distribuido y han pasado por reformas que igual que ahora, provocaron manifestaciones en contra de sus contenidos.
En todo examen, para que el mismo sea objetivo es esencial conocer el contexto de la situación que se juzga.
Lo más actual de la cuestión es la judicialización de la entrega de los libros de texto en el poder judicial federal, litigios que en algunos casos ha sido favorecidos por la medida cautelar de la suspensión, medida que en mi consideración se aparta de los parámetros legales para otorgarla, simple y sencillamente porque afecta el interés de los educandos, lo que tiene que ver con la falta de estudio profundo de la figura conocida como apariencia del buen derecho.
Las suspensiones concedidas no hacen sino colaborar a la politización del asunto.
Pocos conocen en serio el contenido de los libros, (yo no me cuento entre los conocedores), pero muchos hablan de ellos descalificándolos o plegándose a discursos tendenciosos, como ese de que no vienen materias esenciales como matemáticas, lo que es inexacto y por tanto las afirmaciones en ese sentido son apriorísticas.
En esta opinión, en todo caso, lo que destaco son estas cuestiones:
1.- Se habla de los libros de texto como si fuera la única herramienta pedagógica, cuando esto no es así, pero además que para bien o para mal, la que manda en el mundo es la información que se tiene a través de los dispositivos tecnológicos al alcance de todos, tal vez más fuerte y penetrante que el supuesto adoctrinamiento comunista de que se acusa a dichos libros.
2.- Las medidas dictadas por los jueces federales suspendiendo la entrega de los libros, incendian más el panorama, lo que mínimamente los obliga a imprimir celeridad para la resolución del fondo de lo planteado, porque ya los cursos han comenzado.
El gobierno de Jalisco con sustento en el parecer de maestros y de la universidad pública, ha decidido que se entreguen los libros, argumentando que más mal hace no entregarlos, sin desconocer errores que puedan presentar, lo que debe ser materia de revisión.
Esa postura es razonable, como aquí en Zacatecas lo es la del obispo Sigifredo Noriega Barceló, como lo apuntaba apenas el lunes en las páginas de este diario, José Luis Medina Lizalde.
3.- Lo que sí es reprochable es que los contenidos de los libros se realizaron sin la participación de sectores de la sociedad implicados, con una prisa sin justificación, más que el sexenio del presidente López Obrador se termina el próximo año.
4.- Es indispensable que se realice una reflexión y revisión de los contenidos con la participación de los especialistas, siendo eje central los sistemas de evaluación.
5.- No puede haber más oportunismo político que la cuestión de los libros de texto se dé en tiempo preelectoral, ya exagerando con perversidad los contenidos o defendiendo a ultranza los mismos.
Lo rescatable de todo lo señalado, es que la discusión que se ha iniciado es un signo de libertad y que falta una revisión objetiva sin apasionamientos de los sectores involucrados en la educación, que es la esencia de las sociedades humanas.