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27 de octubre

27 de octubre

Libérate y sé feliz…

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Gerardo Luna Tumoine.

Todos nos aferramos apego, pero hay gente que elige ese modo de conectarse con las cosas y las personas para convertirlo en su modo de vida. A muchos les cuesta tirar cosas por su significado. No pueden tirar libros, cartas, fotografías, estampitas, regalos y todos esos objetos que todos vamos acumulando porque nos cuesta desprendernos. Otros guardan todo lo demás aunque no tenga significado salvo la probabilidad de necesitar algún día ese desperdicio, como si vivieran en una isla desierta. El apego es la ilusión de que las cosas son permanentes, es la resistencia al cambio, la negación de la muerte y la no aceptación de que todo termina algún día.

Los objetos nos atan a este mundo contingente y se convierten en pesados lastres. Son anclas que mantienen la conciencia a nivel del piso y no nos dejan asomar la cabeza para ver el horizonte. Es verdad que las cosas nos dan seguridad y mejoran nuestra autoestima; como una casa, un auto, un seguro de vida, aunque la vida sea pura incertidumbre, hasta una quincena.

También es cierto que todos incorporamos a nuestras identidades nuestras pertenencias, por eso en esta sociedad en que vivimos el Ser es el tener, y sabemos que no nos sentimos igual manejando un auto nuevo que uno antiguo. Hay que reconocer que es más fácil hacer lo que hace la mayoría. ¿Para qué atrevernos a incursionar en lo nuevo si nos sentimos tan cómodos con lo viejo? ¿No será que no atarme a nada me obligará a cuestionarme quién soy? Cuando las cosas nos importan tanto nos convertimos en sus prisioneros y perdemos la libertad.

No son los objetos guardados los que estancan tu vida sino el significado de la actitud de guardar. Cuando se guarda, se considera la posibilidad de falta, de carencia. Se cree que mañana podrá faltar, y que no tendrás manera de cubrir esas necesidades.

Con esa idea, le estás enviando dos mensajes a tu cerebro y a tu vida: Que no confías en el mañana. Que piensas que lo nuevo y lo mejor NO son para ti, por eso te alegras guardando cosas viejas e inútiles. Deshazte de lo que ya perdió el color y el brillo.

Deja entrar lo nuevo a tu casa y dentro de ti mismo. El mundo está lleno de sufrimientos; la raíz del sufrimiento es el apegó; la supresión del sufrimiento es la eliminación del apego. La felicidad y la desdicha dependen de cómo afrontemos los acontecimientos, no de la naturaleza de los acontecimientos en sí.

Si queremos ser felices debemos recordar: “¿para qué sirve la vida si no es para darla?”

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