

Opinión José Antonio Rincón
El más grande servicio que puede realizar una persona a sus semejantes es el político, evidentemente al que tiene vocación para ello.
No puede existir mejor político que la persona que tiene vocación política.
A propósito de la vocación política o de poder, el historiador Jean Mayer, reflexiona sobre el concepto a partir del pasaje bíblico contenido en el libro de Est 1, 1-21. El relato se sitúa en la época del imperio persa que entonces dominaba el mundo antiguo y se cuenta que el rey Asuero o Jerjes para los persas, luego de la una grave desobediencia de la reina Vasti enfrente de toda la corte, lo que amenazaba con minar su autoridad y no obstante que su coraje parecía incontenible, antes de tomar una decisión llamó a los expertos en derecho y leyes para que le aconsejaran qué hacer en bien ya no de él, sino del imperio todo.
Lo hondo de la palabra vocación tiene su razón de ser en que significa llamado. En el terreno religioso no parece difícil responder quién llama, si se tiene presente lo sobrenatural, pues se entiende que es Dios mismo el que llama a la persona para ser ministro de determinado culto religioso. No obstante, el vocablo vocación no es exclusivo de las religiones, porque cobija a las personas que realizan un servicio a sus semejantes en todas las áreas de que necesita el ser humano para desarrollarse como persona.
Luego entonces lo primero que distingue a una vocación es el servicio, el amor a él, la entrega total. Ese amor, pasión y entrega de un servicio necesariamente debe tener en el centro y como objetivo al ser humano.
El médico, el abogado, el profesor, etc. sienten ese amor y esa pasión y la entrega es total, a veces hasta el sacrificio. Si esto ocurre, los primeros que ven en ese tipo de personas la vocación, son a los que sirve; esta es la prueba máxima de que existe vocación, es decir, de que hubo un llamada a ejercer tal o cual profesión con el carácter de misión o apostolado.
Por tanto, pienso que el más grande servicio que puede realizar una persona a sus semejantes es el político, me refiero evidentemente al que tiene vocación para ello, pues quizá la inmensa mayoría que puebla el universo del poder no reúnen esa alta calidad.
Ante todo, el político ha de sentir el llamado a procurar el poder y ya que lo ha obtenido a ejercerlo y conservarlo en bien de las personas.
La vocación política puede distinguirse con la existencia meramente enunciativa de estos aspectos:
a).- Un interés genuino y permanente por la comunidad.
b).- Realización de acciones para el bien común, que incluyen no sólo las de índole material, sino la defensa de los derechos de las personas.
c).- Pasión y coraje para transformar al mundo
d.- Creatividad y carácter en la toma de decisiones
e).-La ambición de poder debe estar alejada del provecho estrictamente personal, pues en todo el foco de atención es la comunidad.
Por tanto, en el descubrimiento de la vocación política de una persona convergen ella misma y la colectividad a la que sirve y se entrega.
Un verdadero político como el rey persa Jerjes ve necesario el consejo de los juristas en la toma de las grandes decisiones.
Los consejeros de quien ejerce el poder, lo ideal es que sean eruditos en su campo y que aunque no sean políticos, en el sentido apuntado en el anterior apartado, conozcan y le entiendan a la política, para que su consejo sea el adecuado y por tanto útil, cuando el político tome tal o cual decisión.
El responsable de ejercer el poder siempre debe estar atento a que sus decisiones tengan basamento constitucional y legal.
Que triste es cuando el político se guía por sus propios intereses en las grandes decisiones y deja de lado el consejo del experto.
El Quijote decía: Los que gobiernan ínsulas por lo menos han de saber gramática.