

Rafael Sánchez Andrade.
Algunos países ya enfrentan las consecuencias de esta transición demográfica. Corea del Sur constituye uno de los ejemplos más representativos.
Durante décadas, los países diseñaron gran parte de sus políticas públicas considerando que siempre habría suficientes jóvenes para incorporarse al mercado laboral, sostener los sistemas productivos y financiar los mecanismos de protección social. Sin embargo, esa realidad está cambiando con rapidez. De acuerdo con estudios de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), la baja natalidad y el aumento de la esperanza de vida están transformando la estructura demográfica y planteando uno de los mayores desafíos económicos y sociales del siglo XXI.
Según la CEPAL, la población de 60 años y más en América Latina y el Caribe pasará de 88.6 millones de personas en 2022 a cerca de 220 millones en 2060, lo que representará aproximadamente una tercera parte de la población regional.
Algunos países ya enfrentan las consecuencias de esta transición demográfica. Corea del Sur constituye uno de los ejemplos más representativos. Con una de las tasas de fecundidad más bajas del mundo, cercana a 0.75 hijos por mujer, y una esperanza de vida superior a los 83 años, experimenta una rápida reducción de su población en edad de trabajar. Hacia 2050 más del 40% tendrá 65 años o más.
Ante esta realidad, el gobierno surcoreano ha impulsado estrategias para prolongar la vida laboral, fortalecer la capacitación continua, promover programas de empleo para personas mayores y ampliar los sistemas de cuidados de largo plazo. Estas medidas buscan mantener la productividad y la sostenibilidad de los sistemas de bienestar ante la reducción de la fuerza laboral.
Europa enfrenta desafíos similares. Actualmente, en la Unión Europea, 21% de la población tiene 65 años o más y la natalidad permanece por debajo del nivel de reemplazo. Esta situación ha incrementado la presión sobre los sistemas de pensiones y disminuido progresivamente la población económicamente activa.
Como respuesta, diversos países europeos han impulsado políticas orientadas a favorecer la permanencia voluntaria en el empleo, promover la actualización profesional, facilitar la reconversión laboral y fortalecer la participación social. En este proceso, el aprendizaje a lo largo de la vida permite actualizar conocimientos, desarrollar habilidades y prolongar la participación productiva.
La CEPAL señala que el envejecimiento ya no es solo un tema de salud o pensiones; también influye en la productividad, el talento y el crecimiento económico, con impacto en el desarrollo de los países
México aún cuenta con una estructura demográfica más favorable que la observada actualmente en Corea del Sur o en varios países europeos. Sin embargo, la proporción de personas mayores crece de manera sostenida y obligará a replantear políticas relacionadas con empleo, salud, protección social, productividad y educación. La educación permanente puede facilitar la actualización de conocimientos, la adaptación a nuevas condiciones laborales y una participación más activa en la vida económica y social de las personas mayores.
La experiencia internacional demuestra que los cambios demográficos son previsibles. El verdadero desafío es la capacidad de gobiernos e instituciones para anticiparse y tomar mejores decisiones para las próximas generaciones y sociedades.
Porque comprender los cambios demográficos también es anticipar el futuro.