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24 de septiembre

24 de septiembre

La economía mundial en crisis por unos minúsculos chips

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Eduardo Ruiz-Healy.

Cada día dependemos más de los chips o microprocesadores que controlan los diversos procesos que se realizan dentro de productos como automóviles, teléfonos celulares, computadoras, pantallas de TV, aviones, equipos médicos, refrigeradores, lavadoras y un sinnúmero de maquinaria y equipos utilizados en todos los sectores de la economía.

Solo en 2020 se embarcaron poco más de un billón de ellos a los fabricantes de los productos que los utilizan y es difícil imaginar un mundo sin ellos.

Las principales fábricas de chips se localizan en Taiwán, Corea, Japón y China, países que, desde que empezó la pandemia de COVID-19, ordenaron en varias ocasiones la suspensión de gran parte de sus actividades económicas para evitar la propagación del coronavirus SAR-CoV-2 y sus variantes, especialmente la denominada Delta.

A causa de estas suspensiones se interrumpió varias veces su producción y se alargaron los tiempos de entrega.

Antes de la pandemia los chips normalmente se surtían en 4 a 8 semanas; ahora se entregan en un mínimo de 12 semanas y un máximo de 52.

Lo anterior ha causado una crisis en los procesos de fabricación de todos los productos que utilizan chips, lo que ha provocado que la oferta de dichos productos esté muy por debajo de la demanda, lo que a su vez ha generado un aumento en sus precios.

La falta de chips se observa claramente en la industria automotriz. Un automóvil moderno, dependiendo de la marca y el modelo, contiene entre 1400 y 3000 chips que controlan múltiples procesos del vehículo, desde las luces de freno, indicadores de vuelta, luces interiores y exteriores, elevadores de ventanas, calefacción, cámaras, limpiaparabrisas, cierre centralizado, centro de entretenimiento y bomba de combustible, hasta los sensores de puertas, estacionamiento, oxígeno, desgaste de frenos, control de la suspensión, colisión y muchos más.

Por la falta de chips las plantas automotrices alrededor del mundo, México incluido, se han visto forzadas a suspender varias veces sus operaciones. Por ejemplo, de acuerdo con información difundida ayer por Bloomberg, la escasez de microprocesadores “provocó que las plantas de producción de México funcionaran a poco más de 50% de su capacidad en agosto”.

La crisis de los chips no solo afecta la producción de autos en nuestro país, sino también la de otros productos de exportación que los utilizan, entre ellos computadoras y camiones de reparto.

En 2019, antes de que golpeara la pandemia, estos tres productos representaron el 23.4% de las exportaciones mexicanas o 112 400 millones de dólares (autos: 53 100 millones; computadoras: 32 400 millones; camiones de reparto: 26 900 millones).

Para satisfacer la creciente demanda de chips, se están construyendo seis fábricas en Estados Unidos, tres en Europa y el Medio Oriente, ocho en China, ocho más en Taiwán, dos en Corea y dos en Japón. Las 29, que serán concluidas entre este año y el entrante, implican una inversión de 140 000 millones de dólares.

El futuro de la economía mundial depende, ahora sí, de un artículo tan minúsculo como un chip. Por ejemplo, el de la taiwanesa Taiwan Semiconductor Manufacturing Company tiene una superficie de 17.92 mm2 y contiene 173.1 millones de transistores por mm2. Y los hay aún más pequeños.

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