|  

Edición
Impresa

21 de septiembre

21 de septiembre

La consulta del odio

Share on facebook
Share on twitter
Share on whatsapp
Share on email
Juan Carlos Ramos León.

El día de ayer se realizó otro más de los absurdos “ejercicios democráticos” que han caracterizado a este mal gobierno federal. Todo mexicano sensato, experto, preparado o simplemente ciudadano de a pie como usted y como yo, se ha opuesto a su realización y lo ha rechazado, principalmente, bajo el argumento lógico de “la ley no se consulta, se aplica”. Y es que, imagínese usted, que en su colonia o barrio sorprenden a un ladrón haciendo de las suyas sustrayendo objetos de una casa que no es la suya o tomando de una tienda un artículo sin pagarlo, y, al detenerlo, se le lleve a una plaza o espacio público por parte de la autoridad policiaca, se convoque a los vecinos y se les pregunte “¿cómo ven? ¿Se lo llevamos al juez o lo dejamos ir?”. Entre eso y un linchamiento público no hay mucha diferencia.

El rechazo se da, también, por el hecho de que todos sabemos que será otra tomadera de pelo como sucedió con la “consulta” sobre la cancelación del proyecto del aeropuerto que ya se había iniciado y que, por capricho, se le dio marcha atrás causando con ello un serio agravio a las finanzas públicas, a su dinero y al mio, pues. Fue solamente como en la lucha libre: “circo, maroma y teatro” para pretender legitimar lo que, ya comentamos, se trató de uno de los caprichos más onerosos del sexenio y de la triste historia reciente de nuestro país.

Yo rechazo enérgicamente este circo porque no veo en él otro móvil que el odio y el resentimiento que han sido, también, característicos de este ridículo mandato. Y no puedo evitar sentir tristeza y gran molestia porque lo que se está promoviendo al interior de este maravilloso pueblo de México son esos tan negativos sentimientos que no conducen a ninguna parte fuera de a sumergirnos más en la miseria en la que ya nos encontramos. El que fue a esa “consulta” lo hizo movido por el resentimiento que en él han sembrado y, créamelo, salió de ahí no con la satisfacción de decir “se hará justicia” sino con la convicción de que “se cobrará venganza”.

Don`t copy text!