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26 de septiembre

26 de septiembre

Incomodidad presidencial

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Entre miles de ideas, noticias, anécdotas, chistes, historias y ahora hasta juicios que recita el presidente todas las mañanas, la mayoría de ellas ocurrencias o intentos tan obvios de una estrategia de comunicar bobadas con la clara intención de distraer la atención y evitar afrontar los temas verdaderamente importantes que afectan a nuestro país, entre todo ello ha resultado durante los últimos algo que evidentemente le es sumamente incómodo al grado de no dejar de señalarlo.

 

Para el Presidente López Obrador no hay cosa más molesta que las personas que no piensan como él o que no coinciden con sus formas y estilos, y muestra de ello son las acusaciones y señalamientos que ha hecho sobre las opiniones vertidas en las columnas y colaboraciones de los principales medios de alcance nacional, como lo son El Universal, El Financiero, Reforma, Proceso, El País, Forbes, entre muchos otros.

 

El nivel de incomodidad ha motivado que incluso se dedique parte de sus mañaneras para “revisar” las noticias u opiniones que para él simplemente resultan falsas o incluso hasta conspirativas en su contra por tan solo cuestionar, criticar, señalar o incluso simplemente opinar de forma diferente a la que le gustará al señor presidente.

 

Descalificar a la prensa, a los reporteros y comentaristas que no hablan bien de él y sus acciones ha sido algo fiel a su estilo desde sus tiempos de candidato y aspirante presidencial, lo que nunca creyó y ahora le resulta inverosímil es que sus críticos se multiplicaran siendo Presidente, auto clasificarse como el presidente mas atacado de toda la historia y victimizarse por ello es algo que puedo entenderle como estrategia populista, sin embargo, desacreditar y usar los recursos del Estado, las herramientas personales y técnicas de su oficina presidencial para atacar, burlarse y hasta emitir juicios de valor respecto a la opinión de reconocidos columnistas y hasta trabajos periodísticos se parece más a intentos de censura, coerción y hasta autoritarismo en contra de los medios de comunicación que no hacen otra cosa más que ser verdaderos espacios de libre expresión y libre prensa.

 

Es de preocuparse como los espacios desde donde se publican las opiniones y puntos de vista diferentes a la del presidente, se vean obligadas, cada vez más frecuentemente, a tener que fijar una postura de índole editorial y aclarando el por qué de las expresiones de sus colaboradores (como si fuese necesario) para poder reivindicar un derecho tan fundamental como lo es la libertad de expresión; y  es que las democracias se forman desde la pluralidad y la oposición de las ideas, no se tratan de aplastar a los diferentes o a los inconformes, solo es cuestión de tolerancia, respeto y garantías para su libre acción.

 

El discurso del presidente respetando a los opositores y exaltando la “gran libertad” que hay para que lo ataquen no ayuda mucho cuando al mismo tiempo los ataca, desacredita y peor aún, contradice y trata de desmentir sin argumentos y solo usando su autoridad moral que le otorga el solo hecho de ser el presidente.

 

Los medios de comunicación, pero sobre todo la sociedad, tienen no solo el derecho si no la obligación de ser críticos, de cuestionar a la autoridad, de fiscalizar el ejercicio del poder, y esto no con la intención de atacar o destruir al gobernante, si no de contribuir a la fortaleza democrática e institucional de su país y su ciudadanía, no se trata de quedar bien o alabar al presidente, de igual manera como no es tema de índole personal cuando se le crítica o se le cuestiona es un tema de libertades, progreso y democracia.

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