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En política, también

En política, también

Sigifredo Noriega

   |  21 octubre, 2020

Sigifredo Noriega Barceló.

La relación fe – política, Iglesia – Estado no tiene fronteras precisas. La historia de esta relación es prolífica en búsqueda de equilibrios; en el camino no han faltado conflictos de diversa índole. Desde la Ciudad de Dios (san Agustín, siglo 5) hasta la carta Fratelli tutti (Papa Francisco, 04 octubre, 2020) no han faltado reflexiones sobre la misión y la participación de los cristianos en la construcción de la ciudad.

Las elecciones federales y locales de 2021 están siendo preparadas para desarrollarse en tiempos Covid. Aunque éstas no lo son todo en un país democrático, pueden ser un momento fuerte para definir qué país anhela la ciudadanía.

El cristiano está llamado y es enviado a hacer presente el Evangelio también en la política, en cualquier circunstancia.

El texto proclamado domingo pasado es una invitación a pensar y actuar los valores del Reino de Dios en las relaciones que tejen y sostienen la convivencia y el desarrollo de la vida en sociedad. “Dar a Dios lo que es de Dios y al César lo que es del César” es aceptar la misión y las tareas de personas e instituciones en sus campos, con responsabilidad, prudencia y oportunidad. En principio no debería haber contradicción entre amor a Dios y amor al prójimo, caridad política y caridad cristiana. En todo momento hay que buscar que las relaciones se den con armonía mirando siempre el bien común.

Hace una semana el Papa Francisco ha reflexionado -en voz alta, más allá de toda religión- en la relación de la caridad política, la caridad social y las tareas pendientes de quien se considera habitante responsable en este mundo globalizado. En una reflexión magistral acerca de la fraternidad, la amistad social y el bien común el Papa Francisco afirma que “reconocer a cada ser humano como un hermano o una hermana y buscar una amistad social que integre a todos no son meras utopías. Exigen la decisión y la capacidad para encontrar los caminos eficaces que las hagan realmente posibles. Cualquier empeño en esta línea se convierte en un ejercicio supremo de la caridad… Cuando un individuo se une a otros para generar procesos sociales de fraternidad y justicia para todos, entra en ‘el campo de la más amplia caridad, la caridad política… porque busca el bien común’. ” (n. 180) Sólo una sana política podría liderarlo. Al contrario, una mala política sólo privilegiaría ambiciones individuales y grupales.

Pudiéramos traducir “dar a Dios lo que es de Dios y al César lo que es del César” como el poner en práctica el amor al prójimo, servirlo desde la perspectiva del bien común para ir desterrando el afán de dominio, la explotación y manipulación de los demás. El Papa Francisco ha dicho en otra ocasión que “la corrupción es la polilla de la vocación política” porque pervierte la política y la religión, la relación con Dios y con el César.

Con mi afecto y bendición.

*Obispo de Zacatecas

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