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23 de mayo

23 de mayo

El mundo con-COVID

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Antonio Sánchez González.

Desde su aparición en Wuhan en otoño de 2019, el SARS CoV-2 metódicamente ha sorprendido a los expertos y frustrado las estrategias puestas en marcha para contenerlo. Esta ola cuya cara es la de la variante Ómicron marca una ruptura, que podría hacer que la epidemia de Covid-19 se convierta en endémica, como la gripe estacional.

 

El 2021 se inició con la llegada de las vacunas, abriendo la esperanza de una salida a la epidemia gracias a la consecución de la inmunidad de rebaño y la vuelta a la normalidad. La mayoría de la población de los países desarrollados ha recibido dos y luego tres dosis de vacuna. Una fuerte recuperación siguió a la recesión histórica de 2020, impulsada por la reapertura de las economías y una dinámica de recuperación. Pero el COVID no ha sido erradicado: el resurgimiento de la inflación, la ruptura de las cadenas de valor, el cambio en el comportamiento de los hogares, el aumento de las tensiones internacionales, revelan el alcance de las consecuencias del shock y confirman que el mundo emergente es muy diferente al de la década de 2010.

 

Con Ómicron, mucho más contagioso, pero menos severo que la cepa original y tres veces menos grave que la variante Delta, 2022 comienza bajo una nueva luz. Las medidas de restricción sanitaria no funcionan ni poco ante la contagiosidad de la nueva variante: el mundo tiene cientos de miles de casos positivos al día, lo que implica millones de pacientes al mismo tiempo. Ni la infección ni la vacuna son absolutamente efectivas contra la contaminación y no garantizan la inmunidad al virus, aunque si está claro que la vacunación reduce en gran medida el riesgo de hospitalización y, consecuentemente, de cuidados intensivos. Finalmente, la aparición de variantes y la disminución de anticuerpos requieren la inyección de una nueva dosis cada 4 a 6 meses: por ejemplo, Israel decidió administrar una cuarta dosis a sus ciudadanos mayores de 60 años, y Chile, a todas las personas inmunocomprometidas.

 

El tercer año de la epidemia marca un cambio de paradigma. Este nuevo coronavirus no será erradicado. No es un paréntesis destinado a cerrarse, sino que inaugura una nueva era en la que debemos integrar la presencia duradera del virus. Por lo tanto, las estrategias de lucha contra la epidemia tendrán que evolucionar de una lógica de urgencia y circunstancias excepcionales a un régimen permanente de vigilancia, que debe ser compatible con la continuidad de la vida económica, social y democrática, como con el funcionamiento del Estado de Derecho.

 

Las estrategias para erradicar el virus, como el “Cero COVID” perseguido por China, están condenadas al fracaso -visto está-. El año 2022, que iba a estar dominado por los Juegos Olímpicos de Invierno de Pekín y la coronación de Xi Jinping en el Vigésimo Congreso del Partido Comunista, será el del regreso del COVID a China, aunque las vacunas chinas no sean efectivas y la población no tenga inmunidad. Por lo tanto, no fue la epidemia la que causó el cierre de China, sino la voluntad política de cerrar China lo que instrumentalizó la epidemia. Más allá de las estrategias “cero COVID”, los arsenales de medidas sanitarias y los protocolos rígidos basados en la generalización de las pruebas, el rastreo y el aislamiento están resultando cada vez más ineficaces e inadecuados. Seguramente resistencia a la vacunación crecerá entre las minorías activistas en los países desarrollados.

 

Ya no debemos soñar con el mundo post-COVID sino construir el mundo del con-COVID. Hay que asumirlo.

 

La evolución de la epidemia hacia lo endémico impone profundas y numerosas transformaciones. La lucha contra las enfermedades endémicas y la prevención de nuevas pandemias requiere la combinación de un compromiso de vacunación dirigida a los grupos más vulnerables con un fortalecimiento de los sistemas de salud para garantizar su continuidad frente a los flagelos masivos, en particular mediante el aumento de las capacidades de reanimación. Se desarrollará una industria para la prevención y el tratamiento del COVID y los virus, en la que es vital que México invierta.

La competencia entre las naciones sobre la velocidad de normalización de las políticas económicas para hacerlas sostenibles en el contexto del aumento de las tasas de interés: la instalación sostenible del COVID es incompatible con el mantenimiento de un derecho de atracción ilimitado de hogares y empresas sobre el Estado. Por último, el establecimiento de un sistema permanente de vigilancia de las variantes implica una renovación de la cooperación internacional en materia de identificación, prevención, tratamiento y vacunación de virus. Ómicron arroja así luz sobre las revoluciones causadas por el COVID y coloca a individuos, empresas y naciones frente a la elección de adaptarse a ellas o de encontrarse marginados.

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