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Opinión

El 25% de Trump y el 78% que, por ahora, salva a México

El 25% de Trump y el 78% que, por ahora, salva a México

Trump, guste o no, ha declarado la guerra comercial a México y al mundo.

Eduardo Ruiz-Healy
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28 de marzo 2025

Donald Trump agravó las tensiones comerciales con una nueva medida arancelaria. Ayer firmó una proclamación para imponer un arancel del 25% a las importaciones de autos y autopartes, bajo el pretexto de la “seguridad nacional”. El primer ministro canadiense, Mark Carney, reaccionó de inmediato: calificó la medida de agresión económica y prometió represalias. En contraste, la presidenta Claudia Sheinbaum optó por un tono técnico y calmado. Anunció que hablará con los CEOs globales de Ford, GM y Stellantis, reiteró que el T-MEC no contempla aranceles entre socios y prometió que el 3 de abril dará una respuesta integral a la nueva política arancelaria estadounidense.

La proclamación generó confusión. Habló de aplicar el arancel al “contenido no estadounidense”, pero al mismo tiempo eximió a las autopartes “cumplidoras del T-MEC”. La diferencia entre “estadounidense” y “norteamericano” no es semántica: es económica. Si se grava solo el contenido no norteamericano (fuera de México, Canadá y EE.UU.), el golpe es menor. Si se aplica a todo lo que no sea hecho en EEUU, incluso los componentes mexicanos y canadienses pagarían.

Un auto mexicano típico cuyo precio de venta es de 30,000 dólares tiene 38% de contenido estadounidense, 35% mexicano, 5% canadiense y 22% asiático o europeo. Si el arancel se aplica solo al 22%, el incremento real es de 1,650 dólares (5.5%). Pero si se grava el 62%, el aumento sube a 4,650 dólares (15.5%). Por eso era urgente aclarar la ambigüedad en la redacción que ayer causó confusión. El secretario de Economía Marcelo Ebrard, desde Washington, informó que tras seis reuniones con funcionarios de EEUU se logró que el arancel respete el contenido norteamericano. Además, por ahora las autopartes mexicanas siguen exentas y se evitó que se impongan múltiples aranceles a componentes que cruzan varias veces la frontera.

Aun con esta interpretación “benigna”, el golpe es real. México podría perder entre 14,500 y 18,000 millones de dólares en exportaciones automotrices y entre 50,000 y 100,000 empleos. El peso, ya debilitado, podría caer otro 5%-10%, y la inflación subir hasta 6.5%. Pero lo más delicado es el criterio del 2%. Si un importador se equivoca por más de dos puntos en estimar el contenido no norteamericano, el arancel se aplica retroactivamente sobre todo el vehículo. De $1,650 se pasa a $7,500. Un riesgo enorme para las empresas más pequeñas.

Trump, guste o no, ha declarado la guerra comercial a México y al mundo. Este arancel, sumado a los ya anunciados al acero y al aluminio, y los que anunciará el 2 de abril, podrían terminar por derrumbar el T-MEC. Sin embargo, hasta ahora, la cabeza fría de la presidenta ha evitado que esto ocurra.

Gracias al T-MEC, el 78% del contenido promedio de los autos hechos en México queda exento. Eso evitó una catástrofe. Pero nada garantiza que Trump, que juega duro, siga respetando el T-MEC si ve en él un factor que le reste popularidad ante sus seguidores. Por lo anterior, lo que nuestro país necesita no solo es paciencia, sino claridad jurídica y respaldo técnico. Trump ya hizo su jugada. Ahora a Claudia Sheinbaum le toca seguir defendiendo con firmeza, sin titubeos, una industria que representa el 25% de las exportaciones mexicanas.

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