

Jaime Casas Madero
No se trata de estar en contra del gobierno por sistema ni de apostar al fracaso de quien gobierna; se trata de ofrecer visiones distintas.
Falta poco para que arranque de lleno la carrera rumbo a las próximas elecciones en Zacatecas y, más allá de nombres, encuestas o especulaciones, hay una pregunta que cada vez se escucha con más frecuencia: ¿dónde está la oposición?
Porque, siendo sinceros, hoy cuesta trabajo identificar un proyecto opositor sólido, articulado y capaz de competir seriamente por el rumbo del estado. Los partidos que durante años representaron una alternativa parecen más ocupados en resolver sus conflictos internos, repartir posiciones o sobrevivir políticamente, que en construir una propuesta atractiva para la ciudadanía.
Y es que, en una democracia, se necesita competencia. No se trata de estar en contra del gobierno por sistema ni de apostar al fracaso de quien gobierna; se trata de ofrecer visiones distintas, señalar errores cuando existan, reconocer aciertos cuando sea necesario y, sobre todo, presentar soluciones viables a los problemas de la gente.
Sin embargo, en Zacatecas pareciera que la oposición ha renunciado a esa tarea. Sus dirigentes aparecen poco, sus posicionamientos suelen ser reactivos y es difícil encontrar una agenda clara sobre temas tan delicados como la seguridad, el desarrollo económico, el campo o la migración. La crítica aislada en redes sociales no sustituye el trabajo político de territorio ni la construcción de un proyecto de largo plazo.
La ausencia de una oposición fuerte no necesariamente fortalece a quien gobierna; en realidad debilita al sistema democrático. Cuando no existen contrapesos reales, disminuye el debate público, se reducen las opciones para los ciudadanos y crece la percepción de que las elecciones están definidas mucho antes de que se abran las urnas.
Quizá por esa misma falta de una oposición sólida han comenzado a surgir nuevos partidos políticos y expresiones ciudadanas que buscan ocupar ese espacio vacío. Aunque todavía es pronto para medir su verdadero alcance electoral, su aparición refleja un evidente descontento con las fuerzas políticas tradicionales y la necesidad de construir alternativas distintas para el estado.
Tampoco ayuda que muchos liderazgos opositores sigan siendo los mismos de hace años. La sociedad zacatecana ha cambiado, las nuevas generaciones tienen otras preocupaciones y exigen formas distintas de hacer política, pero los partidos continúan recurriendo a figuras desgastadas, conocidas más por sus derrotas o por haber cambiado de partido varias veces que por sus resultados. El relevo generacional debe hacerse notar.
Debo decirlo, más allá de los partidos, colores o ideologías, Zacatecas merece una oposición seria, preparada y cercana a la gente. No porque el gobierno necesite adversarios, sino porque los ciudadanos necesitan opciones. La democracia no se fortalece cuando un solo proyecto domina el escenario sin competencia real; se fortalece cuando existen distintas voces capaces de convencer, debatir y ganar la confianza ciudadana.
Todavía hay tiempo para que los partidos opositores reaccionen. Pero el reloj político avanza rápido y, si continúan ausentes, el verdadero riesgo no será únicamente perder una elección, sino perder relevancia ante una ciudadanía cada vez más crítica y menos dispuesta a respaldar siglas que no representan una alternativa real.