

Zacatecas debe tener bibliotecas allí donde son más necesarias.
Mientras algunos municipios de Zacatecas cuentan con 15 o 14 bibliotecas públicas, otros apenas tienen una o dos. La diferencia revela una desigualdad en el acceso a la lectura y al conocimiento.
El municipio zacatecano con más bibliotecas es Guadalupe. Tiene 15: cuatro en la cabecera municipal (colonias Centro, Los Geranios, Emiliano Zapata y Tierra y Libertad) y las otras 11 en comunidades.
Le sigue Sombrerete, con 14: dos en su cabecera (colonias Centro y La Pila). Después Saín Alto, con 13, aunque casi todas han estado cerradas en los años recientes, y no se ha visto voluntad política para reabrirlas.
Valparaíso y Zacatecas capital cuentan, cada uno, con 12 bibliotecas públicas. Ambos destacan por buenas actividades en ellas.
El siguiente empate en número de bibliotecas públicas zacatecanas es el de dos municipios importantes: Fresnillo y Jerez. Debo hacer notar que, aunque en Fresnillo la comunidad El Salto destaca por tener el único bachillerato magisterial en el estado de Zacatecas, esta localidad carece de biblioteca pública.
Río Grande tiene 10 bibliotecas: una en su cabecera y las otras en comunidades importantes. Juchipila contaba con 9 bibliotecas, pero hace años quedó sin niños la escuela primaria de la comunidad Amoxóchitl, y ella cerró, junto con la biblioteca pública que allí daba servicio.
Monte Escobedo cuenta también con 8 centros bibliotecarios. Durante años, este municipio tuvo los salarios más bajos a bibliotecarios: mil pesos al mes. En 2019 intervine para solventar favorablemente esta situación.
Tabasco cuenta con 6 centros bibliotecarios. Los más descuidados han sido el de El Jaralillo, adonde en su momento llevé mobiliario, y el de San Luis de Cústique, que estaba dentro de la escuela primaria y le fue construido nuevo edificio, aunque sin baño.
Tepetongo cuenta también con 6 bibliotecas públicas: la de la cabecera está dentro de la escuela primaria principal, en un pequeño salón de su segundo piso.
Villanueva, con 5 bibliotecas, registró recientemente un cambio: el acervo de la colección de la cabecera fue trasladado, del edificio que ocupaba ―a una cuadra de la presidencia municipal― al auditorio, cerca de su río.
Ojocaliente tiene 5 bibliotecas, pero la principal está muy lejos del centro del municipio. Huanusco aparece con 5 bibliotecas en su registro, pero en la práctica funcionan 4, porque la de la comunidad Rancho Nuevo está cerrada por falta de responsable.
Son ocho los municipios con 4 bibliotecas cada uno: General Pánfilo Natera, Juan Aldama, Loreto, Miguel Auza, Moyahua, Noria de Ángeles, Pánuco y Vetagrande.
Son doce los que cuentan con 3 bibliotecas cada uno: Calera, Ciudad Cuauhtémoc, Chalchihuites, Genaro Codina, General Enrique Estrada, General Francisco R. Murguía, Mazapil, Morelos, Nochistlán, Teúl de González Ortega, Villa de Cos y Villa González Ortega.
De los nueve municipios con sólo 2 bibliotecas cada uno ―Apozol, Apulco, El Salvador, García de la Cadena, General Joaquín Amaro, Jalpa, Jiménez del Teúl, Pinos y Tlaltenango―, debo hacer tres observaciones. La primera es sobre Jalpa, que tiene su biblioteca principal en la cabecera, y su otro centro bibliotecario en la comunidad rural más grande: Guadalupe Victoria (La Villita), pero necesita otras dos bibliotecas: en la comunidad La Pitahaya y en el barrio de San Antonio.
Mi segundo comentario es sobre Pinos, municipio sumamente importante en el estado de Zacatecas. Mientras que Guadalupe, Sombrerete y Saín Alto tienen, respectivamente, 15, 14 y 13 bibliotecas públicas, Pinos, con 309 localidades, cuenta únicamente con dos: en la cabecera y La Victoria.
Urge una biblioteca pública en Pedregoso, la localidad pinense más poblada. Además, en El Obraje, Santa Elena, El Nigromante, Estancia de Guadalupe, San José de Castellanos, Santiago, El Sitio, La Pendencia, Jaula de Abajo, Santa Ana, José María Pino Suárez (La Colorada), Lobeña y Espíritu Santo deberían tener sus propias bibliotecas. Si quisiéramos dar a Pinos las oportunidades educativas y culturales que merece, debería haber ahí, pues, otras 14 bibliotecas.
Tercer comentario: En Tlaltenango, urge una biblioteca en la comunidad Cicacalco.
Sólo una biblioteca por municipio hay en Atolinga, Florencia de Benito Juárez, Cañitas de Felipe Pescador, Concepción del Oro, Luis Moya, Melchor Ocampo, Mezquital del Oro, Momax, Santa María de la Paz, Susticacán, Tepechitlán, Trancoso, Villa García y Villa Hidalgo. Son 14 cabeceras sin centros de este tipo en sus comunidades.
Frente a la crítica de que las bibliotecas públicas están caducas, debemos no sólo modificar su dinámica ―adaptándola a los cambios actuales―, sino también reforzar su presencia en nuestras comunidades rurales. Miles de niños recorren, todos los días, kilómetros para llegar a una escuela, y también para acceder a un libro. El acceso a los libros no debe depender del lugar donde se nace y vive. Zacatecas debe tener bibliotecas allí donde son más necesarias.
No perdamos más tiempo. Ya no nos estanquemos. Cada comunidad que vea abrir una biblioteca aumentará sus oportunidades de crecimiento, equidad y justicia social. Zacatecas lo merece.